15/05/2022
05:59 AM

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La víspera

    En estos gobiernos nuestros presidencialistas, las sorpresas en el campo político son la excepción y así en todos los gobiernos el Poder Legislativo perdió hace tiempo beligerancia para convertirse en oficina del Poder Ejecutivo, por eso el choque frontal de parlamentarios de Libre con la dirección del partido y la presidenta electa es un anticipo de lo que ya ha comenzado a ocurrir.

    Hace siglo y medio se creó en Washington un espacio en el que la intriga política, las negociaciones y los intereses se fueron mezclando hasta lograr mediante la conciliación acuerdos aceptados por las partes. Lo que se inició en ambiente político rebasa hoy con creces todos los campos, incluso las influencias para conseguir una entrevista o el voto positivo del Congreso. “Lobby” la palabra clásica para acercarse a las fuentes de poder.

    No es que falte mucho por recorrer en nuestro país para evitar imposiciones, ablandar oposiciones y lograr conciliaciones para alcanzar metas y objetivos por los cuales se expresó masivamente la población en noviembre, es que no hay ruta aún trazada para adquirir, aunque sea dentro de un siglo, el hábito de la negociación interna, partido en el poder, y externa, la oposición. Nunca es tarde y los bochornosos hechos del viernes y del fin de semana y los que se pueden producir debieran abrir los ojos de la clase política y sacudir el insomnio de la población.

    Sobran quienes califican la ruptura de la disciplina de partido como traición, pero si en lugar de haber ficticiamente “tocado el cielo” con un supuesto número de votos, hubiera habido acercamiento con los disidentes algo se habría logrado, pero el peso de generaciones de un presidencialismo arrollador abre más fuertemente las puertas a la disensión.

    En tiempos del bipartidismo los liberales eran los más rebeldes, pero al final se unían. Entre los nacionalistas el tema no llegaba a discusión, pues la verticalidad era parte de la naturaleza de los cachurecos. Total, por muchas y grandes las diferencias todas se desvanecían no en nombre de la libertad, democracia y el bienestar del pueblo, sino el fortalecimiento interno para enfrentar al adversario o salir adelante con el gobierno.

    Lo que pasó el viernes y el fin de semana se veía venir, no con la fuerza y en la dimensión con que se manifestó, pero y, esto más grave, es el adelanto de lo que espera en cuatro años, aunque en política no hay nada imposible. Ojalá se acerquen a ese imposible para hacerlo posible y vivamos cuatro años en paz y bienestar con el rescate de la educación, salud, creación de empleo y entendimiento en la diversidad. La víspera ¡Casi nada!