01/07/2022
12:41 AM

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Vienen y vienen

    El trancazo de múltiples formas y valor llegó primero, pero trae de la mano el anuncio de otro mayor que es aquel que se manejó hace tres décadas, pues no hay energía más cara que de la que se carece. Vuelve la época de la oscuridad no por carencia o escasez de electricidad, sino porque las líneas de transmisión y distribución ya dieron su tiempo útil y tanto la Enee como EEH pusieron todo su empeño en aguantar como se pueda y en alardear de campañas, nulas al final, para supuestamente reducir pérdida y mora.

    En estos días, el tema es el ajuste aplicado y del cual los abonados se dieron cuenta cuando días después de la lectura o supuesta lectura del consumo les llegó el recibo. Situación anómala, pues si nada había que ocultar, los lectores de los contadores hubieran actuado como habitualmente lo han venido haciendo. Se aplica la lectura a la maquinita y allí mismo sale la factura mensual. Esta vez no. “Solo estamos leyendo”.

    Las quejas y los reclamos se han multiplicado, pero la pedrada cayó y golpeó. Lo que pueda venir después es otro cantar porque las explicaciones son una tejida red elaborada por la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica, Cree, la Enee y la Empresa Energía Honduras. Casi nada, cancerbero como en la mitología griega. “No hay forma de evitar los cortes de energía este año... Podemos evitar que en 2023 tengamos cortes de energía eléctrica”, es la lacónica expresión de Pedro Barquero, miembro del equipo de transición del nuevo Gobierno. El asunto más que complejo es complicadísimo, porque no es de solución “de un día para otro”, aunque su solución exige un día y otro. Hasta “ocho o diez años” Habrá que apuntar con firmeza y tino al macroproblema, pero sin dejar en la cuneta los problemas de las empresas y de las familias por el aumento en la factura mensual sin más explicación de que “llegó, llegó” y a hacer fila para reclamar no una lectura fiel del consumo, sino un arreglo negociado que, al final, sale más cara la medicina que la enfermedad. Hay que alimentar expectativas, pero entretanto aliviar la inquietud de los hondureños.

    Incremento en la tarifa, aumento facturado no consumido y promedio sui generis no son solución ni siquiera inmediata. Al contrario, es alargar la enfermedad, introducirla en agonía y, al final, como ya se ha anunciado, habrá que volver a los motores en la acera, las candelas en la noche y en los pesados días de verano echar mano del cartón para darse brisa. Panorama desolador que exige acción inmediata un día, otro y otro...