Las cifras hablan por sí mismas: con respecto a los comicios de 2021, los acaecidos el pasado 30 de noviembre de 2025 revelan que un mayor número de compatriotas bien se abstuvo de ejercer el derecho al voto, o bien, por diversas razones, no pudo concurrir a las urnas aun si lo deseaba. El 2021, la participación electoral fue del 68.5% y en 2025 del 60.19%, para una diferencia del 8.39%, absteniéndose el 31.42% y el 39.81%, respectivamente.
Ello revela el desencanto colectivo tanto con el sistema en sí como la mecánica del proceso, controlado por las cúpulas partidarias, lo que impide la necesaria neutralidad en los organismos electorales.
Las promesas incumplidas, la manipulación y amnesia de las dirigencias políticas una vez que acceden y comparten el poder, la corrupción e impunidad, la ausencia en el rendimiento de cuentas, la secretividad, el nepotismo, los arreglos bajo la mesa entre los dueños de los partidos y los poderes fácticos, la subordinación del Legislativo y Judicial a los designios del Ejecutivo, la excesiva centralización que asfixia las iniciativas locales, la ausencia de integración nacional en el manejo de la administración pública, la omnipresente violencia antes, durante y después de las elecciones, se conjugaron para desalentar a un creciente porcentaje de la ciudadanía que ha caído en el escepticismo, indiferencia, rechazo respecto a su participación cívica, convencida de que sus cotidianas problemáticas son ignoradas por los Gobiernos: empleo, salud, educación, seguridad, concluyendo que están inmersos en laberintos existenciales que no ofrecen alternativas de cambio y mejoría en sus vidas.
Y esos estados de ánimo, por demás valederos, son aprovechados por los demagogos que se presentan como redentores, ofreciendo cielo y tierra, cambios significativos en el actual orden de cosas, impulsando transformaciones violentas, insurrecciones, lucha de clases y anarquía. La desesperación y frustración colectivas encuentran oídos receptivos entre caudillos inescrupulosos, ambiciosos, audaces, cuya consigna se resume así: en río revuelto, ganancia de pescadores.
Cuando las élites políticas y económicas carecen de sensibilidad, visión y misión de nación, inteligencia, sentido histórico, priorizando su bienestar material antes que el colectivo, están directamente contribuyendo a eventualmente ser desplazados del poder, al que han estado aferrados como un fin en sí mismo, olvidando su grado de responsabilidad en el mantenimiento y perfeccionamiento del sistema republicano democrático, mismo que con sus imperfecciones -que pueden y deben ser superadas- sigue siendo la opción válida para la transformación pacífica y compartida de sus respectivos pueblos, canalizando los reclamos y aspiraciones de las mayorías por los cauces de la legalidad y el diálogo.