Fanatismo, violencia y sangre

Los recientes hechos de violencia previos al clásico entre Olimpia y Motagua reavivan la preocupación por el creciente nivel de agresividad en el fútbol hondureño

Lo ocurrido en la capital previo al juego entre Olimpia y Motagua, equipos de la Liga Nacional de Fútbol, el pasado domingo 12 del corriente, una vez más deja al desnudo hasta qué punto la práctica del balompié ha degenerado -cada vez con mayores niveles de enfrentamientos- la rivalidad entre seguidores de estos y otros clubes de distintas categorías, desde la profesional hasta la amateur.

Los resentimientos, frustraciones, impotencias cotidianas son transformadas por seguidores de las llamadas “barras bravas” en recíprocos insultos que van escalando hasta la mutua agresión física contra otras personas, amén del vandalismo contra la propiedad colectiva y privada.

En estos hechos, por demás repudiables, tres compatriotas han sufrido lesiones calificadas de graves por los médicos que los atendieron en el Hospital Escuela, uno de ellos con diagnóstico reservado respecto a su eventual recuperación.

En este espacio editorial hemos reiterado que la práctica deportiva debe servir para el esparcimiento de niños, jóvenes, adultos, además de ejercitar la mente y el cuerpo en actividad lúdica que propicia el espíritu competitivo, sea a nivel individual o grupal, propiciando la integración social y no el distanciamiento.

Nunca, bajo ninguna circunstancia, debe degenerar en violencia verbal y física, misma que debe ser no solo condenada, también denunciada ante las autoridades competentes.

La práctica de insultos racistas, homofóbicos, políticos, resultan en detonantes que van escalando hasta desembocar en apelar al recurso irracional de la agresión contra el honor, dignidad y seguridad de las personas.

Ya han ocurrido muertes originadas por tales mentalidades y conductas delictivas y tememos que de no adoptarse enérgicas medidas preventivas por parte tanto de los directivos de los equipos como de la Policía irán en aumento, tanto en frecuencia como en intensidad y extremismo.

Tolerar tales conductas permite la impunidad y escalada de salvajismo en las relaciones interpersonales, con resultados imprevisibles en el presente y futuro. Suficientes rencores y mutuas intolerancias contaminan el ambiente como para permitir agregar mayores dosis de sangre, sufrimiento y dolor a la familia hondureña. El talento del caricaturista Banegas ha plasmado gráficamente la degradación de la condición humana a la bestial. Basta ya, de una vez por todas, de aplicar el odio y la agresividad entre nosotros, seamos o no participantes en las competencias futbolísticas, ni dentro ni fuera de las canchas.

Desahogar frustraciones ejerciendo daños físicos y morales en contra del prójimo merece total condena y sanción, permanecer indiferentes propicia intensificar el grado extremo de violencia que está minando cualquier intento de armonía y convivencia pacífica.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias