Todo indica que la vigencia del Estatus de Protección Temporal (TPS) para nuestro país, vigente a partir de la destrucción masiva, de proporciones “apocalípticas”, según criterio del presidente francés Francois Mitterrand, provocado por el huracán Mitch y sus secuelas, a finales de octubre y primeros días de noviembre de 1998, no será renovado, lo que implica indefectiblemente que está a punto de expirar para nuestros migrantes acogidos a tal humanitario programa solidario, renovado tanto por administraciones del Partido Demócrata como Republicano.
En distintas sentencias emitidas por la Corte Suprema de Justicia para su consideración y fallo de último recurso en las instancias legales, la mayoría de magistrados, de filosofía conservadora, ha fallado a favor de las políticas oficiales emanadas de la Casa Blanca, incluyendo aquellas de naturaleza migratoria.
Los dirigentes de nuestros compatriotas favorecidos por el TPS han contratado los servicios profesionales de abogados recurriendo a la vía de amparo, a efecto de obtener, una vez más, su extensión.
Empero las posibilidades en tal sentido son mínimas, por no decir inexistentes. ¿Serían eficaces y positivas las gestiones del mandatario Asfura para obtener cuando menos una última prórroga? Siendo realistas lo dudamos, aunque la esperanza es lo último que debe perderse.Para el mes de junio del corriente año se tendrá un fallo definitivo e inapelable al respecto. Si llegara a su extinción, Honduras debe estar preparada para recibir a nuestros héroes y heroínas anónimas, que con su trabajo han logrado enviar puntualmente remesas a sus familiares que dejaron en suelo patrio, que les han permitido sobrevivir y a la economía nacional mantenerse a flote, junto con las exportaciones de café a los mercados internacionales, permitiendo acumular una cantidad razonable de divisas para aliviar parcialmente las presiones sobre nuestra balanza de pagos.Se estima que un número no menor de cuarenta mil compatriotas han sido beneficiados por el TPS, adicional a los hijos procreados nacidos en la Unión Americana, que por ello han adquirido “ipso facto” la nacionalidad estadounidense de acuerdo al jus soli.
La actual administración hondureña con el respaldo amplio y decisivo de la empresa privada y la sociedad civil deben estar desde ahora preparados -de manera coordinada- para acogerlos, brindándoles facilidades de diverso tipo: de carácter laboral y financiero, para que logren incorporarse plenamente a la economía nacional y la sociedad, que en su momento les negó oportunidades para lograr recuperarse del fenómeno meteorológico que afectó a toda Centroamérica, con especial intensidad y fuerza a Honduras.
El ignorar su presencia, dándoles la espalda, recibiéndolos con indiferencia, cuando no hostilidad, constituiría una ausencia absoluta de gratitud y reconocimiento por parte nuestra.La solidaridad total, la generosidad plena, deben ser la norma de conducta de quienes por distintas circunstancias hemos permanecido en el lar nativo, en la tierra maternal.