Tras 67 años desde la derrota del régimen de Batista y el triunfo de la revolución (1959-2026), la Perla de las Antillas se encuentra cada vez más próxima al abismo y la parálisis total con el consiguiente impacto en su economía y con un inminente desastre social humanitario, resultado de un cúmulo de factores que han inexorablemente conducido a un callejón sin salida para el modelo implementado, incapaz de modificar su rigidez ideológica y política. Los logros iniciales en salud y educación, en su momento presentados como éxitos a ser implementados en otras latitudes, son cosa del pasado: han cesado totalmente.
El bloqueo económico implementado por Washington, en vigencia desde hace décadas, hoy agravado con la prohibición ordenada por el presidente Trump, que impide que países tradicionalmente abastecedores de petróleo a la nación insular le vendan “oro negro”: Venezuela y México, so pena de imponerles sanciones tarifarias y el decomiso de tanques petroleros, impide que funcione normalmente la economía, lo que cada día agudiza la severa crisis del sistema, hoy en fase terminal.
Empero no es la única causal de la actual postración. Adicionalmente debe incluirse la negativa del régimen a una apertura hacia la transición similar a la exitosamente puesta en práctica por China y Vietnam, que ha posibilitado el crecimiento económico combinando la libre empresa con un capitalismo estatal; lo obsoleto de su sistema energético; el cese de la industria turística y el envío de remesas a sus familiares por parte de la diáspora cubana residente en el exterior, principales fuentes de divisas para el régimen, junto con las captadas con el envío de brigadas médicas a distintas naciones, y el fin de los subsidios soviéticos que mantuvieron a flote al país.
Todo ello, impactando en el aún mayor deterioro en las condiciones de vida del pueblo, que intenta sobrevivir diariamente para tratar de satisfacer precariamente sus necesidades básicas, particularmente alimenticias y de medicamentos. Quienes perciben ingresos salariales, los montos son tan reducidos que no son suficientes para la supervivencia personal y familiar. Cualquier intento de protesta contra el régimen, sea individual o colectivo, es severamente reprimido violentamente, tal como ocurrió con las sucedidas en distintas ciudades en julio de 2021, en violación de derechos humanos fundamentales.
La Casa Blanca apuesta a que no habrá necesidad de intervenir militarmente: el régimen caerá más temprano que tarde y la espera para que ello ocurra está a la vuelta de la esquina, convencida de que el tiempo juega a su favor.