Las expectativas con mayores esperanzas marcan el nuevo ciclo anual cuyo inicio se ha convertido en un clásico tiempo de promesas y de muchas e imaginarias iniciativas que al paso no de semanas, sino de días van cayendo en el olvido y los sanos propósitos quedan en intenciones. Esto es lo que nos muestra la experiencia, pero para los hondureños se nos presenta una gran oportunidad en la apretada agenda con responsabilidad de todos.

El cambio en la administración presenta los inmensos y urgentes desafíos para hoy, mañana será tarde. Los temas de siempre o similares, pero la prioridad deberá marcar el ritmo en aquellos asuntos de mayor urgencia, de manera que el cambio sea una realidad comenzando por el mismo gobierno no sea que tengamos que aplicar aquello de la sabiduría popular: “Consejos vendo que para mí no tengo”.

Esto, esto y esto se ha venido diciendo en el ambiente preparatorio del nuevo gobierno. Eliminar aquellas instituciones que son un duplicado y crea empleo inútil. Revisar el entramado gubernamental para hacerlo no solo operativo y eficaz, sino para disponer de mayores recursos para aquellas áreas más urgentes.

Los meses irán mostrando la ruta teóricamente trazada que ojalá se recorra para llegar a la meta anhelada. La seguridad es, desgraciadamente, una tarea por cumplir con alto índice en la delincuencia y criminalidad. Soluciones complejas, pero necesarias. La prevención es el camino, pero la represión marca la labor de la justicia y el derecho de manera que ni un solo centímetro quede para la impunidad.

El lema de “cero tolerancia” cambió términos en lo referente a la corrupción con mirada ciega y con acomodamiento de las leyes para que la impunidad cubra a corruptos y corruptores como invitación a seguir la feria en las oficinas públicas. También aquí el consejo y el castigo deben ir de la mano de manera que las palabras marquen el camino y el presidio para quienes se aparten de él.

El “feliz Año Nuevo” con el que nos saludamos estos primeros días de enero debiera tener un claro objetivo: reactivación de las actividades educativas en las aulas y aumento de personal en Salud con el cumplimiento de la ley para compensar los graves riesgos de empleados contratados en la pandemia y hacer justicia a su trabajo durante casi dos años. Entre los grandes descalabros, el primer señalado es la Enee sobre la que recaen las esperanzas de renegociar contratos, evitar pérdidas, mejorar las líneas de distribución y evitar apagones.

La agenda es apretada, pero con el compromiso colectivo se puede lograr a su tiempo que no sea demasiado largo.