50 años del voluntariado japonés en Honduras

Honduras ha recibido hasta ahora a 1,479 voluntarios, siendo la segunda república latinoamericana con el mayor número de cooperantes japoneses

Hace ya medio siglo, a partir de 1976, que el Gobierno nipón decidió el envío de los primeros ciudadanos del País del Sol Naciente a nuestro país, a efecto de contribuir a nuestro desarrollo social, educativo, tecnológico y económico, canalizando tal iniciativa por medio de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (Jica).

Un riguroso entrenamiento, previo a su partida, prepara y capacita a quienes, de manera espontánea, optan por partir al exterior, dotados de un admirable espíritu solidario para con otros pueblos, aportando sus destrezas, habilidades, experiencias de manera desinteresada, lo que refleja un admirable y encomiable gesto de buena voluntad hacia naciones ubicadas en el tercer mundo, por parte de la nación insular asiática.

Honduras ha recibido hasta ahora a 1,479 voluntarios, siendo la segunda república latinoamericana con el mayor número de cooperantes japoneses. Su proceso de adaptación, una vez han sido enviados a zonas rurales o urbanas de Honduras, en comunidades de los departamentos de Francisco Morazán, Choluteca, El Paraíso, Lempira, Intibucá, Santa Bárbara, Ocotepeque y en el municipio de Copán Ruinas, es gradual y progresivo, habida cuenta deben incorporarse a condiciones de vida distintas a las de su país de origen, tanto en lo cultural como ambiental.

A su plena integración contribuye su idealismo y buena voluntad hacia las comunidades en que les corresponde desempeñarse, logrando que la especialidad de la voluntaria y voluntario coincida con los requerimientos y necesidades específicas de la comunidad en donde residirán.

Al concluir su permanencia en Honduras, un sentimiento de gratitud hacia ellos por parte de quienes han sido beneficiados con su presencia y aportes queda como una demostración palpable de reconocimiento y agradecimiento.

Por su parte, han acumulado experiencias existenciales que han permitido ampliar su horizonte del mundo y de la vida una vez se reincorporan a su patria. Quien desea puede aplicar para continuar por un segundo período, bien en Honduras o en otro país.

Lamentablemente, algunos, por causas naturales o fortuitas, han fallecido en el cumplimiento de sus deberes, provocando sentimientos de duelo y pesar en las comunidades y sus respectivas familias. Sus aportes y recuerdo permanecen como prueba de su presencia durante veinticuatro meses consecutivos.

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