Ya sucedió

El avance acelerado de la ciencia y la tecnología ha transformado profundamente la vida humana y el ejercicio de la medicina, generando cambios en la relación entre el ser humano, la profesión y su entorno

Estamos en un momento del desarrollo humano nunca antes visto. Y así tiene que ser. La evolución natural de las cosas lleva a la superación siempre.

La ciencia y la tecnología han creado un mundo diseñado para facilitar la existencia. Y cada vez surgen nuevos inventos con una rapidez que antes era impensable. Estamos viviendo el futuro más rápido que nunca.

Pero todo cambio tiene sus sacrificios. Cada nuevo pensamiento o invento deja atrás otros que en su momento también fueron considerados apropiados. Lastimosamente, tanta ciencia y tecnología han dejado el espíritu humano relegado.

Desde 1990 con la aparición del internet, y espacialmente desde el período 2007-2012, con la masificación de los “smartphones” y las redes sociales, el desarrollo de la personalidad humana cambió radicalmente. Un antes y un después. Como si se les hubiera implantado un nuevo molde para crear personas distintas a las que les precedieron. Ese ha sido el sacrificio más notable y lamentable. El humano como esencia ha empezado a parecer obsoleto. Las nuevas generaciones no lo han percibido porque han nacido en este entorno. Para ellos es natural.

En el ejercicio de la medicina, los cambios ya son evidentes.

Antaño, la clínica por encima de tecnología, el tiempo como herramienta terapéutica, la relación personal, la autoridad basada en experiencia y una vocación dominante caracterizó a los médicos.

Ahora, estos pilares han sido sustituidos por otros: la tecnología como eje, el tiempo fragmentado, una relación más distante, una autoridad compartida por guías, algoritmos, sistemas y una profesión institucionalizada en la medicina de hoy. Antes, el médico ponía la mano en el hombro. Hoy la pone en el teclado.

Las redes sociales han introducido a un marketing que trivializa la profesión. Y muchos de los mensajes son banales, vergonzosos, ridículos, completamente contrarios al predicamento. Bailan, se disfrazan, hacen circo; se ha perdido el decoro, la prudencia y el buen gusto del ejercicio de la profesión.

Pero esta es la nueva normalidad que las nuevas generaciones ven como parte de su cotidianidad, y como no conocieron la elegancia de antes les gusta y lo aceptan como normal.

Este nuevo paradigma llega silencioso, manifestándose en lo cotidiano. El recambio generacional ya sucedió. Guste o no.

Pero el ser humano como tal ya no lo es tanto. La evolución hizo que traicionara el alma. Con la nueva impronta dejo de necesitarla.

Son los nuevos tiempos.

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