¡Vale la pena vivir!

El incremento de los suicidios en Honduras plantea un desafío de salud pública que requiere atención de las autoridades, las familias y la sociedad para fortalecer la prevención y el acceso oportuno al apoyo profesional

  • Actualizado: 07 de julio de 2026 a las 00:00 -

La frecuencia con que ocurren suicidios en Honduras debe ser motivo de preocupación para las autoridades de salud, la familia y la sociedad en general. Solo en el primer semestre del presente año, el país superó los 200 casos, afectando principalmente a personas entre 18 y 39 años, según datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos.

En estas estadísticas no están incluidos los intentos de suicidio, o sea, aquellos casos en los que la persona se lastimó con la intención de quitarse la vida, pero no falleció.

Conocí el caso de un guardia de seguridad que, dolorido a causa de haber sido abandonado por su mujer en el sector de Naco, decidió poner fin a su existencia, pero resultó que, igual que su amada, la muerte lo despreció, pero no solo una vez, sino cuatro.

Primero, se llevó su arma de reglamento a la cabeza y de inmediato un compañero se la arrebató antes de que jalara el gatillo. Al verse con su pistola decomisada, a los pocos días ingirió herbicida. Afortunadamente, su madre estuvo presta a trasladarlo al hospital Mario Rivas de San Pedro Sula, en donde fue desintoxicado.

Posteriormente, decidió darse cita con la muerte en un hotelito de tres pisos del barrio Medina para que nadie impidiese consumar su desquiciado propósito. Se hospedó en un cuarto del tercer piso, sacó las finas cuchillas de una prestobarba y se hizo sendas heridas en ambas muñecas. Luego se acostó con los brazos en cruz a esperar el frío de la muerte. Sin embargo, como la parca tardaba, desesperado se lanzó del balcón del cuarto con el fin de estrellarse en el pavimento de la calle. Tampoco ese era su día, pues cayó sobre los cables del sistema eléctrico que lo mecieron para dejarlo caer a pocos metros del suelo. Seriamente lesionado, fue trasladado al hospital Mario Rivas, en donde fue dado de alta, bien recuperado, a los pocos días.

Siendo que el suicidio puede ser una condición inherente a quienes sienten que la vida no tiene sentido ante cualquier problema sentimental, económico o patológico, es válido preguntarse: ¿en nuestro entorno familiar habrá alguien con esa tendencia a escapar de un sufrimiento por la puerta falsa de la inmolación? Por ello es importante tomar previsiones cuando observemos, en personas cercanas, muestras de estrés severo, depresión o ansiedad extrema, porque son altos factores de riesgo.

Una amiga psicóloga dice que alguien que, desde niño, habla de querer morir o matarse puede ser una persona con tendencia suicida. Otros signos de advertencia que presenta el afectado son quejarse de ser una carga para los demás o deprimirse por un desengaño amoroso o por pequeños problemas.

La Iglesia profesa que es el momento de acudir a las enseñanzas bíblicas, tomando en cuenta que la vida es un regalo divino y, como tal, no debemos despreciarla. Pero también se debe buscar ayuda profesional ante las primeras señales a fin de prevenir el cruel desenlace que no terminará con el problema, sino que lo trasladará a los familiares del suicida.

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