Una relación internacional equilibrada y justa

En medio de un escenario internacional marcado por tensiones y confrontaciones impulsadas por Estados Unidos, Honduras enfrenta el reto de conducir su política exterior con prudencia para proteger su estabilidad política, económica y soberana.

Honduras debe actuar con sabiduría para situarse en un lugar seguro en el actual escenario de confrontación mundial que patrocina los Estados Unidos. Todos sabemos que el actual régimen hondureño que se ha iniciado en enero es producto de una intervención ilegal y abusiva por parte del presidente Trump al hacer unas declaraciones que condujeran a muchos hondureños, sobre todo quienes reciben remesas, a votar por el candidato nacionalista, declaraciones que son, en el ambiente de las leyes internacionales, y las nuestras, una injerencia inaceptable.

Pero dado que en la realidad el gobierno lo han asumido los nacionalistas, lo repito, con el respaldo del presidente norteamericano y que el mismo presidente Trump se encuentra en una situación de grave crisis internacional e interna, considero que la política exterior de Honduras debe ser dirigida con pinzas a fin de no enfrentarse más tarde a situaciones que podrían empujarnos a desencadenar serias responsabilidades para el país o un desequilibrio en la economía o en inestabilidad interna.

Trump no demuestra ser un socio confiable. No recibió al presidente hondureño durante su gira a Washington. Para Trump siempre estarán por encima de las promesas los intereses de su lucha por mantenerse en el poder y salvaguardarse así de los intentos de ser destituido por el Congreso, juzgado por los tribunales -no olvidar la tormenta con motivo de la divulgación de los archivos de Epstein-, tumbado por una insurrección popular que rechaza todo autoritarismo, o derrotado en las elecciones de noviembre.

Muchos países que durante largo tiempo fueron incondicionales de Trump se han visto envueltos ahora en enfrentamientos con EE UU que podrían provocar guerras o alteraciones importantes en la geoestabilidad y enrumbar hacia guerras limitadas al principio, pero más tarde, la expandidas hasta la desgracia de terminar en una guerra mundial nuclear.

Trump actualmente lidia con México, con Canadá, con Dinamarca, con Brasil, con Colombia, con Venezuela y con Cuba, para mencionar solo algunos países, muchos siempre se identificados como sus aliados. Pero también busca guerrear contra Irán, pretende apoderase de Gaza y Groenlandia, se enfrenta con algunos países africanos y planta dificultades a Rusia, China, India, Sudáfrica, Europa y otros países que buscan autonomía soberana en sus decisiones políticas y económicas. En todos estos enfrentamientos, las argumentaciones de Washington no son sostenibles y más bien han despertado sospechas entre la comunidad internacional que teme verse, en cualquier momento, blanco de la ira trumpeana.

Las relaciones con Trump no brindan la seguridad que nuestro país necesita para enrumbar su desarrollo económico. Trump va a querer decidir por los gobernantes hondureños y en varios asuntos críticos que levantarán en su contra el sentimiento nacional patriótico que nos heredaron los padres de la hondureñidad. Es más, sospecho que la liberación de Juan Orlando Hernández, quien puede ser sometido a la justicia hondureña si regresa, obedece a la intención de Trump de utilizarlo para controlar las decisiones del régimen hondureño para satisfacer los intereses norteamericanos: volver a las ZEDE, entre otras aberraciones antinacionales.

Por todo esto, es mi opinión que el gobierno hondureño debe manejar con pinzas sus relaciones internacionales y no embrocarse en acciones de represalia como la ruptura de relaciones con Cuba, con Venezuela y con China. Venezuela, por ejemplo, se debate actualmente en una lucha legítima en defensa de su independencia y de la soberanía sobre sus recursos, y podría, en una emergencia por las reacciones del presidente Trump, proporcionarnos petróleo a precios subsidiados, situación que aliviaría el camino hacia el desarrollo y la superación de nuestras dificultades.

China es una superpotencia económica que colabora con Honduras sin imponer condiciones y, además, restablecer relaciones con Taiwán es romper con el ordenamiento jurídico internacional porque la ONU y EE UU reconocen una sola China. Y Cuba, objeto de un bloqueo de seis décadas, nos ha brindado ayudas trascendentales en las buenas y en las malas. Romper con ese pueblo es contribuir a su injusto y criminal estrangulamiento. Cuba, por ejemplo, podría superar la mora quirúrgica a un costo moderado.

Parodiando un poema de Brecht, Trump ahora traiciona a sus amigos México, Canadá y Dinamarca, mañana podríamos ser nosotros. Si no actuamos con prudencia podríamos entonces decir que todo, sin amigos, será tarde y desastroso para Hibueras.

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