Es impresionante y lamentable saber que existen tantos graduados de diversas carreras universitarias, públicas y privadas, que logran el éxito de obtener un título de educación superior en distintas disciplinas de las ciencias, pero que la mayoría no logra conseguir empleo y se frustra al mantener sus títulos “colgados”.
Solamente la Universidad Nacional Autónoma de Honduras gradúa anualmente un promedio de 10,000 profesionales en diferentes campos de la educación, de sus 130 programas académicos de pregrado: licenciaturas, ingenierías, técnicos y posgrados: maestrías y doctorados. Su matrícula actual es de 84,000 estudiantes entre presenciales y virtuales a nivel nacional.
En la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), la modalidad virtual y en línea ha llegado a los 57,000 estudiantes matriculados. Este número representa un crecimiento histórico de más del 100 % frente a períodos anteriores, impulsado por la habilitación de más de 2,400 secciones virtuales. Cada estudiante graduado le cuesta más de un millón de lempiras al Estado.
Una merecida alegría por este logro, producto de una meta de estudios y de sacrificios de estos nuevos profesionales, hombres y mujeres, pero que no dura mucho tiempo cuando les toca ir a buscar trabajo. La mayoría no encuentra esa oportunidad y los que la hallan son menospreciados con los bajos salarios que se ofrecen.
Además, hay carreras en la UNAH que han quedado obsoletas debido a sus contenidos y a las necesidades que exigen los actuales empleadores, y con el aumento de la educación virtual no mejora la calidad educativa universitaria.
Lamentablemente, un porcentaje de esos profesionales pasa a sumar el número de desempleados en el país, que supera los 2 millones entre obreros y profesionales. Es por eso que la mayoría se gradúa para emigrar a otros países y dejar el título “colgado” en un país llamado Honduras.