“La habilidad adquirida y útil de todos los habitantes o miembros de una sociedad puede considerarse parte de la riqueza de esa sociedad”: Adam Smith.La riqueza de una nación va más allá de sus recursos naturales, como el petróleo, los minerales y las tierras fértiles.
La riqueza verdadera está en aquellas naciones que puedan desarrollar mejor el talento, la creatividad, la educación, la ética y la capacidad productiva de su gente. Somos una nación con mucha población joven, que está lista para emerger y ser entrenada y equipada.
En promedio, un 33% de la población hondureña es joven; es decir, más de 3.3 millones de personas jóvenes. Esta nación tiene esa virtud; sin embargo, la migración, el desempleo, la falta de oportunidades y las limitaciones educativas han impedido que este capital humano alcance su máximo potencial.
Mientras el sistema de este mundo avanza hacia la inteligencia artificial, la economía digital y la innovación, existe el desafío más valioso: transformar la mentalidad, los hábitos y la conducta de los ciudadanos.
La historia se cuenta sola, países como Singapur, Corea del Sur y Finlandia han demostrado que una nación puede transformarse cuando se invierte sistemáticamente en educación, innovación y valores ciudadanos.
El desarrollo humano no se limita a la acumulación de riqueza o conocimientos; es un desafío el descubrir los talentos que Dios ha dado a cada persona. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros”, 1 Pedro 4:10 (RVR60).
Los beneficios siempre serán una generación con propósito, tener mayor productividad, una reducción de la corrupción y un aumento de la inversión extranjera.
No podemos depender siempre de la ayuda externa.
Es el tiempo de entender que la riqueza verdadera está en descubrir y desarrollar a las personas con capacidad, valores y habilidades.
Si descubrimos el recurso humano, habremos conquistado el futuro.
La riqueza verdadera siempre será duradera y certera para predecir el éxito.