En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en 1945, la Unión Soviética se apoderó de un archipiélago volcánico, estratégicamente situado al norte de Hokkaido, la principal isla del norte y la segunda más grande de Japón.
Islas que Japón denomina los Territorios del Norte y Rusia, Kuriles.
El 13 de agosto de 2026, el presidente Vladímir Putin llegó a una de las islas, Etorofu, que los rusos llaman Iturup.
“Los Territorios del Norte son una parte inherente del territorio japonés, tanto desde el punto de vista histórico como del derecho internacional”, declaró la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi.
La visita de Putin “ofende los sentimientos del pueblo japonés y es absolutamente inaceptable”, afirmó, y agregó: “Dificulta aún más el restablecimiento de las relaciones a medio y largo plazo”.
El mismo día, el ministro de Asuntos Exteriores de Japón convocó al embajador ruso para presentar una “enérgica protesta”. El 18 de agosto, el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso convocó al embajador japonés para protestar por la condena de Japón.
La situación es el principal obstáculo por el cual Moscú y Tokio no firmaron un tratado de paz finalizada la Segunda Guerra Mundial. Más recientemente, se sumó que Japón se unió a las sanciones del G-7 después de la invasión de Rusia a Ucrania.
La cadena de islas funciona como una barrera entre el Pacífico y el mar de Ojotsk, fundamental para las operaciones navales y nucleares rusas. China y Rusia han llevado a cabo maniobras conjuntas en zonas cercanas a Japón. El embajador de Estados Unidos en Tokio publicó que “Estados Unidos mantiene una postura inquebrantable en su apoyo a Japón” y “en el reconocimiento de su soberanía sobre las islas disputadas del norte”. Moscú desestimó el apoyo a Japón, sumando tensión.