Entre las personas que más han influido en mi vida, sin duda está don Pablo Baher. Allá por 1965 trabajaba en la Ciudad de México como vendedor para Rinbros, líder en el mercado de ropa interior. Llegó don Pablo como director de mercadeo y se hizo cargo también de dirigir las ventas.
En los pedidos se escribían los números de códigos de los productos. En facturación había confusión por la diferente forma de escribir esos números por parte de todos los vendedores. Don Pablo nos dio un cuaderno a cada uno y escribió en la pizarra los números tal como debíamos utilizarlos exactamente en adelante.
Yo sentí que era para mejorar; otros compañeros creían que ya eran buenos. Baher los escuchó atentamente y entonces nos dijo: “Ser bueno no es suficiente, se necesita ser excelente”.
Han pasado muchos años desde entonces, pero esa frase me ayudó notablemente en mi vida.
Creo que pasar de bueno a excelente no es solo un salto de habilidad, sino además un cambio de mentalidad. Ser bueno significa cumplir con lo que esperan. Ser excelente es exceder lo que se espera de nosotros, y eso es lo que nos hace destacar.
Por ejemplo, Michael Jordan era considerado solamente bueno en un principio. Sin embargo, buscó ayuda de los mejores. Aplicó esas ideas con mucha disciplina. ¡Se sintió entusiasmado! Y fue eso lo que lo llevó a convertirse en el mejor jugador de baloncesto de todas las épocas. Sí, la excelencia no nace por sí sola, sino del cambio en la mentalidad de no conformarse con menos. Jordan descubrió que el camino de los buenos está muy congestionado, pero en el de los excelentes se avanza a toda prisa.
Ese mismo descubrimiento lo he visto ocurrir muchas veces en los cursos Dale Carnegie. Por ejemplo, Ramiro se sentía bueno hablando en público. Su empresa lo hizo participar en el entrenamiento Carnegie; practicó y mejoró notablemente. ¿Qué descubrió? Que hay una gran diferencia entre solo ser bueno y ser excelente. ¡Hoy es un orador que destaca!