País de vendedores

  • Actualizado: 29 de septiembre de 2026 a las 00:01 -

Poner un negocio ya no exige alquilar locales caros ni repartir volantes en la calle o sentarse a esperar que entre un cliente. Ahora, el teléfono es la nueva vitrina. Usted toma unas fotos bonitas, las sube a sus estados de WhatsApp o a Facebook, y listo. Su mercadería llega directo a los ojos del cliente mientras usted sigue en la sala de su casa, y de la entrega se encarga un muchacho en moto.

La tecnología nos dio algo que antes costaba mucho dinero: acceso a clientes. ¿Pero de qué sirve tener mil maneras de vender si cada vez hay menos dinero para comprar? Confundimos la atención con el consumo. Porque del otro lado de la pantalla, la persona que le preguntó también está haciendo malabares para sobrevivir. Ese vecino que mira su catálogo está sacando cuentas en la cabeza. Antes de darle el “sí” para encargarle ese par de zapatos, ese postre o esa camisa, tiene que apartar el pisto para el recibo de la luz que vino más caro, el pasaje del bus, la comida de la semana y la tarjeta que no deja de llamar para cobrar.

Ahora todo el mundo anda vendiendo algo. El perito mercantil que ofrece lociones en la oficina, la maestra que hornea pan los fines de semana, el chavo que en las noches usa su carro para hacer viajes o la mamá que vende ropa por encargo.

Vender alguito extra es la única forma de tapar los hoyos que deja una economía donde todo sube, menos lo que ganamos, y esto es lo que deberíamos estar discutiendo en serio como país. Está muy bien celebrar que somos gente trabajadora, que no nos dejamos vencer y que siempre buscamos la forma de llevar la comida a la mesa. Pero no podemos acostumbrarnos a romantizar esta necesidad. El problema ya no es cómo llegarles a los clientes; aplicaciones y redes nos sobran. El verdadero problema es que a la gente ya no le alcanza el dinero.

Una economía no sale adelante solo porque todos nos pongamos a vender por Facebook. Para que los pequeños negocios sobrevivan y crezcan, necesitamos que del otro lado haya ciudadanos con un salario que les permita ser clientes reales, no solo mirones que preguntan por curiosidad. Mientras seguimos buscando el mejor truco para vender en internet, la pregunta que de verdad importa sigue en el aire: ¿Quién va a tener capacidad de comprar todo lo que estamos ofreciendo?

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