Vi y escuché al expresidente Callejas anunciando la victoria de su partido y proclamando a ese partido como el salvador de Honduras en esta hora trágica y a su candidato presidencial como el estadista del momento.
La verdad es que como dirigente nacionalista su obligación es esa, convencer a cuanta gente pueda de las virtudes gubernativas de su partido y elevarlas a la potencia más alta, más su condición moral de exgobernante le veda el discurso proselitista y el propósito de sorprender al pueblo en cuestiones que él sabe no son así.
El Partido Nacional logró capturar una elevada votación por el “voto frustrado liberal”, luego su presencia en la conducción del Estado obedece a circunstancias muy atípicas que torcieron la lógica electoral de 2009; en efecto, seis meses antes de las elecciones de aquel año todo apuntaba a un triunfo liberal, mismo que se habría materializado de no producirse los trágicos acontecimientos de junio.
Pero en las circunstancias actuales veo muy difícil que el partido de gobierno y su candidato logren capturar la simpatía popular después de hechos que han sido repudiados con fortaleza y cólera por la colectividad nacional independientemente de su militancia partidaria.
El manejo abusivo de la cámara legislativa y los desplantes autoritarios son quizás los rasgos más sobresalientes de la gestión del presidente del Congreso, al que se han sumado diputados del Partido Liberal y de otros de izquierda, dicen y repiten por allí, no me consta, bajo el estímulo de gruesas cantidades de dinero distribuidas con generosidad.
La lista es larga y la gente la conoce. ¿Cómo estando tan frescos esos atentados a la moralidad pública, el elector sensato puede sufragar sin escrúpulos y sin cargos de conciencia por muy conmilitante que sea?, por eso no me extraña que haya nacionalistas que se nieguen a acompañar a la actual cúpula de su partido en esta aventura electoral.
Creo que el expresidente Callejas trata de sorprendernos y eso no es bueno para quien, sin renunciar a su militancia, debería ser guía cierto de la ciudadanía; nos está mintiendo subido ventajosamente en el aparato deportivo del país, cuando abusa de la loa partidaria y nos presenta la candidatura presidencial de su partido con ribetes de entereza ciudadana, de capacidad gerencial y de compromiso patriótico.
