Iniciar un proyecto nuevo puede ser una tarea compleja, especialmente porque corresponde plantear la idea, motivar a otros a creer en la posibilidad de llevarla a cabo e ir realizando ajustes, una vez está en marcha.
Ya en desarrollo surge la desmotivación y las voces en contra; es allí donde se pone a prueba la tenacidad y la capacidad de resiliencia de quienes son parte de ese nuevo proyecto. Por eso, celebrar 10 años de labor continua no es cualquier cosa, sino un verdadero éxito que sienta las bases de lo que está por venir.
Esa es la historia del Bazar del Sábado, que nació como iniciativa de Jorge Alberto Faraj, entonces presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC), un proyecto que a lo largo del tiempo ha contribuido al desarrollo del emprendimiento.
De acuerdo con registros de la administración del Bazar del Sábado, este proyecto ha beneficiado a más de seis mil emprendedores de todo el país, contribuyendo a la creación de aproximadamente 15,000 empleos.
El planteamiento de esta iniciativa, que en un principio podía haber parecido sencilla, tiene un enfoque profundo: por una parte, busca brindar a los emprendedores la oportunidad de comercializar sus productos y servicios en un espacio seguro, ofreciéndoles posibilidades de capacitación y de constitución formal; por otra, también contribuye a ofrecer espacios de esparcimiento familiar para la ciudadanía.
Una de las mayores dificultades para los emprendedores hondureños es encontrar la plaza donde promover sus productos, sin incurrir en costos excesivos y sin los problemas relacionados con la extorsión de grupos ilícitos y la inseguridad ciudadana. Ante esta realidad, el Bazar del Sábado ha jugado un papel muy importante, especialmente cuando se trata de grupos poblacionales que corren el riesgo de quedar excluidos, como las mujeres, los adultos mayores y los grupos étnicos.
Además, en una sociedad con reducidos espacios para la expresión del talento artístico, así como para la convivencia en un ambiente sano, esta iniciativa vino a posicionarse como el lugar de visita obligada para propios y turistas. En síntesis, es un proyecto con diversos impactos positivos.
Con el correr de los años, esta iniciativa ha brindado un espacio digno tanto para los emprendedores como para sus clientes; ha puesto la atención de la población en ellos y ha contribuido a fortalecer el orgullo por lo nuestro.
El Bazar del Sábado es muestra del poder de las alianzas para el desarrollo de objetivos compartidos, pues a lo largo de los años se han sumado otras organizaciones, empresas y personas que han apoyado visiblemente su desarrollo.
Detrás de estos 10 años de iniciativa están las historias de las personas que participan cada sábado con su voluntad, talento y perseverancia; hay familias enteras trabajando juntas por desarrollar su emprendimiento.
Cada sábado, el Bazar es una apuesta por las personas que quieren crecer en Honduras, que buscan ser parte de lo mejor que tenemos, y no me refiero solamente a los emprendedores, sino también a quienes organizan, operan, visitan y compran.
Son 10 años y miles de historias vinculadas, bajo una misma visión compartida... aquella que comenzó con una idea sencilla y poderosa, ya que los grandes proyectos no necesariamente surgen de la espectacularidad, sino del conocimiento, la observación y especialmente de la buena voluntad.
¡Feliz aniversario, Bazar del Sábado!