Recientemente recibimos la triste noticia del fallecimiento del Dr. Quintín Máximo White.

Pediatra de generaciones, funcionario público jubilado, colega, maestro, amigo, ejemplo de profesionalismo.

Generaciones de hondureños gozan de un buen desarrollo físico y mental gracias a su medicina. Generaciones de médicos deben parte de su formación a sus enseñanzas.

Centenares de personas disfrutaron de su presencia, su personalidad, su positivismo, de su contagiante alegría. Fue luz y brillo. Fue desprendimiento y servicio. Fue solución.

Con tristeza recibimos la noticia, y tal vez decepcionados, al ver que solo un rotativo nacional emitió una breve reseña de su transición.

En este país no valoramos lo bueno pero si exaltamos todo lo superficial y vano. Aquí es noticia digna de aparecer en periódicos futilidades sobre la vida de los “famosos” nacionales y sus parejas, como visten, donde vacacionan, como gastan su poco dinero solamente para aparentar. Chismes de la farándula, intrigas, confrontaciones verbales vulgares entre ellos, las cirugías estéticas que se realizan, tatuajes que se realizan y su significado, vídeos personales de mal gusto.

Es noticia digna de ser publicada la vulgaridad de algunas personas, la falta de educación de las batallas en el hemiciclo por los llamados “padres de la patria”.

Son noticia las tendencias deformadas de conducta de YouTubers y tiktokers que “hacen lo que tengan que hacer” con tal de ganar más seguidores.Es noticia quien de los famosos nacionales ahora se promociona en Only fans como negocio. Es noticia la violencia en todas sus expresiones.

Es noticia la corrupción en todas sus dimensiones. Son noticia los escándalos de los políticos de turno y de los expatriados. Son suceso algunos presentadores (ás) de televisión que nos mantienen entretenidos con la forma como publicitan las ligerezas de sus vidas.

En nuestro país es noticia la bajeza humana, la sinvergüenzada, el mal gusto, la falta de educación, el morbo. Todo aquello que antagoniza con las buenas costumbres se resalta y promociona. Nos volvimos seguidores de fantoches y de fantasías oscuras. La desaparición física de una vida dedicada al ejercicio honesto e íntegro de la Medicina no fue suficiente para ser noticia en esta tierra tenebrosa cuna de politiqueros sin honor.

Quintín fue un hombre humilde que dedicó su vida a servir. Ejerció una medicina humana. Formó parte de una elite de médicos de la vieja escuela, éticos, íntegros, compasivos y solidarios. Un fuera de serie. “El pediatra en el que todos los padres confiaban” lo describió alguien. Así era su reputación y fama, como Maximo su apellido.