¡Más allá del aura!

Más allá de la imagen y la búsqueda de aprobación, el verdadero “aura” se construye desde el carácter, la seguridad y la capacidad de inspirar a los demás

  • Actualizado: 26 de agosto de 2026 a las 00:00 -

“La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”: Maya Angelou.

Lo que popularmente se conoce como el nivel de presencia, atractivo, seguridad y respeto que proyecta una persona: eso denota el “aura”. Pero el “farmear” es el resultado de acumular repetidamente recursos, experiencias o puntos. Significa hacer cosas que aumenten la percepción de que alguien tiene presencia, carisma, seguridad o estatus.

No existe evidencia científica de que las personas acumulen una energía invisible llamada “aura” por realizar estas acciones. Estas virtudes pueden desarrollarse al hacer algo admirable sin buscar reconocimiento, hablar con seguridad o mantener la calma en una situación difícil.

Sin embargo, las personas que lo practican pueden volverlo una obsesión por verse superiores, generando necesidad constante de aprobación, ansiedad por mantener una imagen, comparación social, narcisismo o actitud de superioridad.

Construir carácter es saludable; construir una imagen para ser admirado puede ser una prisión.

En el contexto espiritual se habla de la presencia: el carácter, la conducta y la influencia que una persona puede proyectar y emanar. “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas”. Proverbios 22:1 (RVR60).

Se puede decir que existe una “aura” espiritual, pero la diferencia es que esta no busca impresionar; consiste en tener carácter para servir. No podemos farmear aura sin formar el carácter y reflejar a Dios.

Aunque farmear aura sea algo moderno para cultivar presencia y, psicológicamente, tenga base en la autoestima y la percepción social, si algo debe quedar claro es que el poder de la presencia de Dios en la vida produce magnetismo personal, un lenguaje, carácter y liderazgo para ser fuente de inspiración.

Más allá de la apariencia, el fin es construir esa presencia que inspire. Una experiencia que vivifico en Moisés, cuyo rostro resplandecía: lo que cultivas en el interior es lo que termina convirtiéndose en lo que los demás perciben de nosotros.

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