Lo que nos pide el Papa

Un llamado a “desarmar el lenguaje” y ayunar de las palabras hirientes marca el mensaje de Cuaresma del papa, una invitación que trasciende lo religioso y apela a la convivencia y la paz en Honduras.

  • Actualizado: 24 de febrero de 2026 a las 23:50 -

Aunque no soy más que un católico de a pie y la Iglesia tiene sus portavoces, me interesa estar informado sobre lo que dicen los papas.

Lo he hecho desde que tengo memoria y he procurado poner en práctica aquello a lo que nos exhortan desde los documentos que periódicamente publican.

Además, cada vez que se emite un documento pontificio está dirigido al pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad, de modo que, aunque no fuera católico, pienso que me contaría entre estos últimos.

Antes del inicio de la Cuaresma, esos 40 días que transcurren entre el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo, los papas han acostumbrado a enviar un mensaje para que los cristianos espabilen y procuren vivir este tiempo de la mejor manera, de modo que, cuando se llegue a la Semana Santa, estén preparados espiritualmente para que los acontecimientos que se rememoran de Jueves Santo a Domingo de Resurrección dejen huella en la conducta de las mujeres y los hombres todos.

Este 2026, León XIV ha pedido que nos ejercitemos en las prácticas propias de la época, a saber: rezar más, ser muy limosneros y ayunar, pero respecto a lo último se ha detenido a hacer algunas advertencias que a mí me han tocado bastante.

Ha dicho que es necesario ayunar de las palabras hirientes, del lenguaje ofensivo, de hablar mal a espaldas de los demás, de calumniar.

Y ha comenzado esta lista con la siguiente frase: “empecemos a desarmar el lenguaje”.

Con esto nos ha querido decir que tenemos que evitar que las palabras se conviertan en puñales, en balas, en misiles, que buscan dañar o descalificar al que piensa distinto.

Señala que debemos llevar a cabo esa labor de “desarme” en la familia, en el trabajo, en las redes sociales, en el debate político, en los medios de comunicación, y que debemos hacer uso de las palabras amables para sembrar paz y esperanza.

Desde que leí este mensaje no he dejado de pensar en la necesidad de que nuestros dirigentes, todos los protagonistas de la historia nacional actual, que, en realidad todos los hondureños, lo estudiemos y, sobre todo, lo pongamos en práctica.

No es un mensaje para un grupo de personas con determinada orientación religiosa, es para todos los que queremos una Honduras en paz, en la que nos respetemos, en la que convivamos con como hijos de una misma patria y de un mismo Dios.

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