¿Lo frustrante de ser segunda clase?

William James escribió “El descubrimiento más grande de mi generación, es que el hombre puede cambiar toda su vida, cambiando su actitud mental”.

Cuando George Bernard Show escuchó a Jascha Herifetz tocar por primera vez el violín, quedó tan impresionado que envió una nota al notable músico: “joven, tal perfección provoca la ira de los dioses del Olimpo, debería equivocarse en una o dos notas después de cada función para apaciguarlos”. Fue la forma de elogiarlo del famoso dramaturgo. Pero usted seguramente estará de acuerdo conmigo en que actualmente hay mucha gente que nunca incitará la presunta ira de los dioses.

Claro que no abogo por la perfección total. Como seres humanos jamás seremos perfectos, pero siempre podremos mejorarnos, sin importar la posición y la edad. Y entre esto y el pensamiento de “que me importa” hay una gran diferencia. Los expertos nos dicen que, laboralmente, quizá lo que más influirá en nuestra felicidad es la imagen, buena o mala, que tienen las personas que nos rodean en nuestro trabajo diario, y que en el fondo sabemos que es verdad.

¿Unos ejemplos? El mecánico que deja mal apretada una tuerca, aquel que nunca recaba la información obvia para un contrato, el profesor que solo se prepara a medias y le da lo mismo si entienden o no sus alumnos, etc. Todos ellos, aunque no lo hagan de mala fe, acabarán siempre perjudicando a los demás. Usted puede verlos, con frecuencia solo saliendo del paso, realizando su trabajo en forma mediocre, cuando lo podrían haber hecho realmente bien. Con esto por supuesto logran el rechazo de sus superiores. Pero claro, sin duda el gran perdedor será aquel que hace mal su trabajo, porque en su interior sabe que es segunda clase.

William James escribió “El descubrimiento más grande de mi generación, es que el hombre puede cambiar toda su vida, cambiando su actitud mental”. Esta es la fórmula para salir de ese frustrante sentimiento de segunda clase. Yo he visto, en mi trabajo en los entrenamientos Dale Carnegie, cambios reales al entender a fondo ese principio, y aplicarlo.

LO NEGATIVO: ¿Quién puede disfrutar su trabajo sabiendo que es mediocre, segunda clase?

LO POSITIVO: Decidir qué haremos todo con excelencia, aunque “despertemos la ira de los dioses”.

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