La paradoja de la Inversión Extranjera Directa

La IED juega un papel relevante en las finanzas del país

  • Actualizado: 26 de diciembre de 2025 a las 00:00 -

La Inversión Extranjera Directa (IED) se ha posicionado con mayor fuerza en el debate económico y financiero del país, debido al comportamiento que ha presentado en los últimos años.

Datos del BCH indican una tendencia a la baja del 8 % entre los años 2023 y 2024, dejando de percibir más de 82.5 millones de dólares, y, según proyecciones, para este 2025 Honduras enfrentará nuevamente un escenario no del todo positivo, pues probablemente no se logre romper la barrera de los 1,000 millones de dólares, lo que cuestiona las estrategias gubernamentales para atraer y/o retener la inversión.

Sin embargo, esta situación va más allá de las cifras estadísticas, dado que las condiciones estructurales de la nación han generado una economía altamente dependiente de factores exógenos, como las divisas por remesas, las exportaciones de productos como el café y el banano, entre otros, así como el financiamiento.

Asimismo, la IED juega un papel relevante en las finanzas del país, ya que también contribuye al ingreso de divisas, las cuales ayudan a financiar el déficit en cuenta corriente.

Paradójicamente, actualmente existen mayores niveles de divisas, tal como lo evidencian las Reservas Internacionales Netas (RIN), donde a la fecha se registran 9,743.5 millones de dólares; sin embargo, también hay mermas de empleo, debido en parte a la salida de empresas del sector maquila en la zona norte, donde, según datos del COHEP, se estima que al menos 60,000 empleos se han perdido a causa del cierre de dichas empresas.

Pese a que el gobierno implementó acciones para tratar de mejorar la atracción de la IED, estas no generaron los resultados esperados.

Por ejemplo, se apostó por la digitalización y simplificación a través de la creación del portal de inversiones, se consolidaron alianzas estratégicas con la ONU y se creó una ventanilla única para el registro de trámites, entre otras iniciativas; aun así, la tendencia decreciente no se ha logrado revertir.

Pero ¿qué factores probablemente han incidido en esta situación? En este sentido, se contrastan las perspectivas que predominan en el debate sobre la IED.

Por un lado, un análisis del Departamento de Estado de Estados Unidos, mediante un informe, examina el clima de inversión del país e identifica las principales limitantes que han incidido en la merma de dicha inversión, destacando la incertidumbre jurídica, la ineficiencia del Estado de derecho, la prevalencia de la corrupción, la derogación de las ZEDES, la salida de Honduras del CIADI, las reformas tributarias, el vaivén legislativo, los elevados costos de la energía, entre otras.

En esta misma línea de pensamiento, varios sectores de la sociedad hondureña abordan esta problemática.

Por otra parte, aunque no existe un pronunciamiento explícito desde el oficialismo al respecto, se realiza una lectura derivada de la naturaleza del plan refundacional ejecutado por el actual gobierno, donde el discurso indica una apuesta por el reposicionamiento de la soberanía del país. Desde esta óptica, la IED representa, en alguna medida, una tensión entre el desarrollo nacional y los intereses transnacionales. Se ha cuestionado fuertemente el modelo de enclave moderno que ha generado el tipo de IED en el país, ya que se concentra mayormente en la maquila, el sector financiero y de seguros, ofreciendo mano de obra relativamente barata y exoneraciones fiscales a cambio de generar empleos que no siempre se traducen en riqueza a largo plazo.

En función de ello, surgieron propuestas disonantes respecto a la atracción de la inversión, como la Ley de Justicia Tributaria, la cual sería el mecanismo que convertiría el sistema tributario en uno más justo; no obstante, también ha sido valorada como el instrumento que restaría competitividad al país frente a naciones vecinas y que probablemente ahuyente la inversión, visiones totalmente contradictorias.

A este contexto se suma la incertidumbre política, intensificada en este año de mayor actividad política, donde ha predominado la polarización entre autoridades electorales y la ciudadanía, las confrontaciones entre la oposición y el oficialismo, las propuestas de visiones opuestas en materia de IED por parte de los contendientes políticos y un proceso electoral con un alto número de inconsistencias e impugnaciones, prolongando la agonía de los hondureños, quienes tuvieron que esperar hasta el día de Nochevieja para conocer la declaratoria final por parte del CNE.

Paradójicamente, Honduras necesita del capital extranjero para generar empleos y recursos financieros; no obstante, el modelo de atracción de la IED está desgastándose. La salida de empresas de la maquila hacia países que ofrecen mayores condiciones competitivas es un síntoma de la necesidad de reformas.

La valoración entre la cantidad y la calidad de la IED debe ser una prioridad; la finalidad no debería ser únicamente elevar los números de manera cuantitativa, sino también fortalecer la estructura de la inversión y redireccionar la atracción de capitales hacia otros sectores altamente generadores de empleo, como el agro y la industria.

Sin duda, este será uno de los mayores desafíos que enfrentarán las nuevas autoridades gubernamentales, donde debe primar el bienestar de los hondureños, respetando la soberanía del país, pero, a su vez, ofreciendo incentivos justos que transmitan confianza y seguridad jurídica, política y social a los inversores extranjeros.

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