La Madre es el mejor regalo que Dios ha dado a la humanidad. Esa mujer que nos alberga en su vientre desde la concepción hasta que recibimos el primer milagroso soplo de la vida.
A usted, madre querida, que me abrigó aún antes de nacer y con el maná de sus pechos me sació el hambre y la sed, emblema de mujer, que transformada en madre fue el mejor regalo que Dios me ha dado y desde que nací le provoqué dolor de llanto con lágrimas de sangre, que se convirtió en dulce sonrisa al verme nacer y me abrigó con su cálido manto.
Ella que me vio crecer, y aunque los años pasaron, siempre detuvo el tiempo, pues me trató como un niño y nunca me faltó el sabio y firme consejo que sólo usted como madre me brindó. Le agradezco, y tantas cosas buenas podría decir, aunque sólo sean recuerdos vivientes que palpitan en mi corazón y se reflejan en mi mente.
El que tiene la madre "despierta" tiene esa bendita oportunidad de seguir escuchando esos fuertes, suaves y sabios consejos que solo la madre tiene, esa fortaleza y delicadeza para seguir orientando, no importando la edad.
El que tiene la madre "dormida" solo queda recordarla, y saber que la madre, aun desde el cielo, está pendiente de sus hijos e hijas y constantemente nos llenan de bendiciones y oraciones.
Gracias, benditas madres. Por ser tan especiales, les damos una rosa roja si están presentes o una rosa blanca si ya han partido.
El Día de la Madre es hoy y siempre, pero no importando en qué fecha se celebre: felicidades madres del mundo y, en especial, en este segundo domingo, 10 de mayo, a las de un país llamado Honduras.