En San Francisco, en la Webster-Street, igual al otro centenar de callejuelas de arrabal, con sus tabernas baratas y con sus casas de un solo piso e impregnadas con el salado aroma del mar, pasa generalmente desapercibida una taberna para los turistas. Pero es allí, precisamente, en la taberna La Primera y Última Oportunidad de Heinhold, inaugurada en 1883, en donde Jack London, el extraordinario narrador norteamericano, conoció los protagonistas de sus famosos libros (nacido el 12 de enero de 1875 en San Francisco, California, Estados Unidos, y fallecido el 22 de noviembre de 1916 en Glen Ellen, California).
En el interior de la taberna, en dos escaparates, los libros de London impresos por las más diversas editoriales y con distintos años de edición se exhiben como testimonio de quien, un estupendo escritor, frecuentaba ese lugar. En aquellos tiempos, las puertas se abrían a patadas y ahí los parroquianos a veces llegaban a tomarse el último trago de su vida. En la taberna iba a parar el dinero ganado en el arduo y riesgoso trabajo y los marineros se aglomeraban en torno a las copas para contar extraordinarias historias, verdaderas o inventadas. London, iniciado en la marinería a los años 17, era uno de los relatores. En torno a él se aglomeraban los borrachos marinos aventureros para escuchar las aventuras, muchas de ellas un reacomodo literario de las que los parroquianos contaban. Fue en la taberna donde London conoció al periodista Martín Egan, de quien tomó el nombre para titular de una novela, título que fue cambiado por Martín Eden, por no haber aceptado, el mismo Egan, el homenaje. Martín Eden es una novela que algunos consideran su autobiografía.
Sus primeros trabajos, principalmente cuentos derivados de las noticias de los periódicos, fueron publicadas en la prensa. Estos cuentos iniciales le otorgaron una fama que creció hasta convertirlo en uno de los escritores más populares de Norteamérica y del mundo.
Sus obras más conocidas: Encender una hoguera (1902), La llamada de la selva (1903), Colmillo blanco (1905), Martín Eden (1909), El lobo de mar (1904), El talón de hierro (1907, en esta obra London fustiga la tortura y la pena de muerte y muestra su afinidad por el socialismo). Algunas de estas obras se han llevado al cine con gran éxito, y Colmillo blanco es una novela muy leída entre los jóvenes y aparece en muchas colecciones de literatura para jóvenes.
Cerca de San Francisco, en el Valle de la Luna, puede observarse el rancho de Jack. La Casa del Lobo era una casa de cuatro pisos y 15,000 pies cuadrados de roca volcánica y contra fuertes de secuoya. Contaba con una torre para dormir y una biblioteca gigante de 15,000 ejemplares. La construcción comenzó en 1911, cumpliendo así un sueño de infancia. “Cuando Jack era niño le dijo a su hermanastra Eliza que quería tener su propia casa con una habitación enorme llena de libros”.
Allí está su tumba marcada por una roca roja. Allí está la famosa Casa del Lobo. En la casa hay más misterio que luz sobre la vida de London. Tan es así que aún no se ha revelado el misterio de su muerte. El médico que examinó su cadáver, encontrado en el dormitorio, constató que había muerto por una insuficiencia renal, pero otros dicen que se mató, pues habiendo conocido una chica en Hawái, se enamoró de ella y no podía vivir amando a dos muchachas. “Después de mi mujer, el rancho es la cosa más querida en el mundo para mí”, escribió Jack.
El escritor había decidido construir una casa y comenzó a levantarla en 1910. Él discutía todos los detalles de aquella mansión de 23 piezas, todas ellas con chimeneas para que los huéspedes no sintieran fríos. Al estar lista para mudarse, un terrible incendio, cuyo origen aún no se conoce, la redujo a cenizas.
A Jack London le gustaba mucho la palabra lobo, sobre todo en la acepción que le daban los indios de Alaska, quienes llamaban lobos a los blancos. London tituló con este vocablo muchas de sus obras: El Lobo de mar, El hijo del lobo. Y así quiso también llamar a su casa, en donde proyectaba escribir un gran libro sobre su vida aventurera. De la casa solo quedan unas piedras rojas y una roca con un letrero que dice: Tumba de Jack London. Pero en el mundo su obra creativa ocupa un primerísimo lugar como uno de los grandes escritores de todos los tiempos, sobre todo porque en su vida, como soñador irremediable, luchó por la felicidad de todos.