Para conmemorar el 250 aniversario de los Estados Unidos de América, el ex presidente Donald Trump organizó una suntuosa fiesta en la Casa Blanca de Mar-a-Lago. Por toda la enorme propiedad chapada en oro colgaban banderolas que proclamaban el lema elegido para ese año: “Vida, libertad y la búsqueda del acuerdo”.
La Casa Blanca del Norte, como se le conoce ahora, fue convertida hace un año en museo de Washington. Grupos de niños desfilan para mirar debidamente los retratos de los hombres que dirigieron al país a lo largo de estos dos siglos y medio. Pero el lugar puede rentarse para celebrar bodas, bar mitzvahs y cosas por el estilo. Se ha dicho que la Oficina Oval es un excelente lugar para echarse el lazo.
La presidenta Ivanka Trump (“¡Hagamos a Estados Unidos más grande que nunca!”) fue elegida de manera arrolladora en 2024, después de los dos mandatos de su padre. Ella constituyó una figura brillante en los festejos de Florida. A lo largo de 2026, ella recibió elogios por oponerse a las presiones ejercidas por su familia para “modernizar” la declaración de independencia. Sustituir “la búsqueda de la felicidad” por “la búsqueda del acuerdo” como uno de los “derechos inalienables”, argumentó, “quizá no sea la mejor de las ideas”.
Su padre estaba irritado –él también quería substituir la parte que declara que todos los hombres fueron creados iguales– y se enfurruñó. Pero la verdad es que ha estado particularmente irritable desde que dejó el poder. La Biblioteca Trump fue un fracaso, pues él solo pudo pensar en un libro para ponerlo ahí. Su peso se ha hinchado y sigue quejándose de Obamacare y de los “bad hombres”, así como del hecho de que, a pesar de todos sus empeños, no logró que estallara la tercera guerra mundial. La presidenta Ivanka Trump ha tratado de consolarlo, pero por supuesto, ha estado muy ocupada.
Aunque su estilo presidencial es más prudente que el de su papá, y de que lo supera en mucho en conocimientos de geografía, ella ha sido blanco de críticas por algunas cuestiones. La primera fue su insistencia de que varios salones cerca de la salida de la Casa Blanca del Norte fueran convertidas en salas de exhibición de su línea de calzado, bolsos, prendas de vestir, ropa interior y otros arreos.
Sus abogados aseguran que, como presidenta, ella está por encima de las leyes federales sobre conflictos de interés. Esto hizo que mucha gente se preguntara qué eran los “conflictos de interés”. Diez años de Trump habían cambiado al país. Los departamentos de ética habían desaparecido de las universidades del país, pues fueron considerados obsoletos. Hablar de los “valores estadounidenses” era causa de risotadas en el circuito de Mar-a-Lago. ¿Qué diablos son los valores estadounidenses?
El otro problema delicado fue el nombramiento del esposo de la presidenta, Jared Kushner, como “enviado especial para la resolución y erradicación de todos los problemas, globales y nacionales”, puesto de flamante creación. Algunos críticos pensaban que el título era excesivo, aun para el habilidoso Kushner. Pero los cínicos fueron puestos en su lugar por los halcones de Trumpelson News Inc., un grupo de medios iniciado en 2022 con una herencia por 38,000 millones de dólares de Sheldon Adelson. Solo los fracasados podrían pensar que Jared Kushner podría no tener éxito en algo.
Líderes de todo el mundo acudieron en tropel a la fiesta de toda la noche. Los dirigentes de Panamá, Qatar, las Filipinas, China, Brasil, Kuwait, Egipto y otros aliados cercanos de Estados Unidos se sentaron a la mesa de la presidenta Ivanka Trump. El hecho de que para 2026 ella había establecido amplios intereses comerciales en todos esos países fue señalado por algunos viejos periódicos obstinados, pero nadie le dio importancia, considerándolo irrelevante.
Para entonces, la Organización del Tratado del Atlántico del Norte ya había desaparecido desde hacía tiempo, habiendo sido reemplazado en 2022 por la Liga de Organizaciones de Solidaridad Autocrática (LOSA), encabezada por los Estados Unidos y cuyos miembros principales eran Rusia, China, Turquía, Egipto, Arabia Saudita y Francia.
Los líderes de LOSA eran un grupo familiar. Los presidentes Vladimir Putin de Rusia y Ji Xinping de China habían extendido sus respectivos mandatos indefinidamente. Lo mismo había hecho Recep Tayyip Erdogan de Turquía. Y ahora que la presidenta Marine Le Pen de Francia se acercaba al término de su segundo quinquenio, había rumores generalizados de que ella también eliminaría el límite de mandatos presidenciales. Ningún líder de LOSA que se respetara haría nada menos. Un recién llegado a la organización del tratado fue el presidente Kim Jung-un de Corea del Norte, que aceptó congelar el programa nuclear de su país a cambio de la membresía. “Un ejemplo perfecto del arte de negociar”, como dijera en Twitter Donald Trump Jr.
En su brindis por el 250 aniversario, la presidenta Ivanka Trump declaró: “La experiencia de dos siglos y medios nos ha enseñado que la mayor libertad es la libertad para que una persona o familia gobierne para siempre, si eso es lo que quiere el pueblo. ¡Nada debe de interponerse en la voluntad del pueblo!”
Un profesor publicó un ensayo muy comentado sobre el fin de la historia. La democracia liberal estaba muerta, sostuvo el estudioso. Internet y la hiperconectividad habían turbocargado las profundas ansias humanas por autoridad, dándole alas al mismo tiempo a quienes supieran gritar más fuerte.
El autointerés ilustrado siempre ha sido una ilusión. Lo único que había era el interés propio. Al menos, Estados Unidos había recobrado la cordura a tiempo para estar a la vanguardia de lo que el académico llamó “el orden despótico digital global del siglo XXI”.
