Este 8 de marzo, el Día Internacional de las Mujeres nos convoca bajo un llamado ineludible: “Derechos. Justicia. Acción. Para todas las mujeres y niñas”. Esta consigna nos recuerda garantizar este derecho, especialmente a las mujeres y niñas; no es únicamente un objetivo social, sino una condición indispensable para el desarrollo sostenible, la cohesión social y el fortalecimiento democrático.A nivel mundial, las mujeres y niñas continúan enfrentando desafíos persistentes para ejercer plenamente sus derechos.
Aunque los avances normativos son significativos, todavía persisten brechas que limitan su acceso real a justicia, oportunidades económicas y espacios de participación.
Por ejemplo, las mujeres en el mundo solo ejercen del 64% de los derechos jurídicos que tienen los hombres. A este ritmo, cerrar la brecha tomará 286 años (ONU Mujeres, 2026). En Honduras, a pesar de avances significativos, el país continúa registrando la tasa de feminicidios más alta de la región con 4.3 casos por cada 100,000 mujeres, según datos de la Cepal (2023).
La violencia no solo arrebata vidas, sino que fragmenta comunidades, debilita instituciones y limita la participación plena de las mujeres en la vida económica y política. La Primera Encuesta Especializada de Violencia contra Mujeres y Niñas (INE-PNUD, 2023) confirma una realidad dolorosa: solo una de cada diez mujeres que sufre violencia llega a interponer una denuncia.
Estos desafíos no deben paralizarnos, sino inspirarnos a fortalecer los vínculos entre Estado, sociedad civil, sector privado y cooperación internacional.
La desigualdad económica también persiste. El 63.2% de las mujeres hondureñas vive en condiciones de pobreza multidimensional (PNUD, 2023) y dedica 5 veces más del tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esto limita su autonomía, sus oportunidades económicas y su participación en los espacios de decisión.
A pesar de los avances, la representación política sigue siendo desafiante: solo 36 diputaciones de 128 están ocupadas por mujeres, y únicamente 7% de las alcaldías son lideradas por ellas.
La violencia política de género -más de 102,565 mensajes sexistas documentados por Organizaciones de Mujeres en 2025- evidencia un deterioro en la calidad del debate público y un uso de la misoginia como herramienta para disputar poder.
La colaboración entre Alemania y el PNUD en América Latina ha permitido generar aprendizajes valiosos sobre cómo avanzar hacia sociedades más justas e inclusivas.
A lo largo de la región, ambas instituciones han acompañado iniciativas orientadas a mejorar las capacidades institucionales para prevenir y atender la violencia de género y promover el liderazgo de mujeres indígenas y rurales en la gestión sostenible de los recursos naturales.
En Honduras, el trabajo se ha concentrado en temas ambientales buscando ofrecer prioridades a mujeres -especialmente las rurales, indígenas, productoras y cuidadoras- para que sean consideradas en las decisiones estratégicas del país. Con ello se fortalece una acción climática más justa, inclusiva y efectiva.
Lo fundamental es que compartimos una misma convicción: las alianzas multilaterales pueden acelerar transformaciones profundas, especialmente cuando se centran en fortalecer instituciones y ampliar las oportunidades para las mujeres.
Asimismo, el nuevo contexto político ofrece una oportunidad para fortalecer los sistemas de protección social, crear un sistema integral de cuidados, garantizar el acceso a la tierra a las mujeres rurales, reconocer el liderazgo de las mujeres en la conservación del medio ambiente, ampliar el acceso a justicia y promover la participación de las mujeres en todos los espacios de decisión.
Desde el PNUD en conjunto con Alemania reafirmamos nuestra disposición de sumar esfuerzos mediante evidencia, asistencia técnica, digitalización, innovación y alianzas estratégicas, adaptadas a las prioridades nacionales y orientadas a generar cambios sostenibles a favor de todas las personas, especialmente de las mujeres y niñas.