Me encontré en cierta ocasión con una asidua lectora de nuestra columna y me comentó que le parecía muy oportuna la temática que se expone sábado a sábado. Sin embargo, me hizo una petición especial. Me pidió que escribiéramos algo sobre la educación de los hijos en el hogar; debido a la situación tan conflictiva y difícil que se torna este menester en nuestro tiempo, cuando el control de los hijos se va de las manos en muchos casos. Me propongo compartir con ustedes la experiencia vivida junto con mi esposa y nuestros cuatro hijos en el seno de nuestro hogar, sin perder de vista que ninguna organización familiar es perfecta.
Es necesario considerar de inicio lo que la Biblia dice al respecto de los hijos: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos” (Salmo 127:3, 5a). Los hijos no son una carga, son una bendición de Dios y nuestro deber es darles la dirección adecuada desde pequeños hasta que aprendan a discernir lo que es bueno de lo que es malo, y que, por convicción propia, elijan el camino del bien.
Los principales aspectos que tomamos en cuenta en nuestra familia fueron:
1. Inculcarles desde la niñez temprana el temor a Dios (Proverbios 1:7). Este principio les permite a los hijos conservar los valores inculcados y observar una conducta adecuada dondequiera que se encuentren. Porque estarán conscientes de que podemos escondernos de los demás humanos, pero de Dios no y Él merece nuestro absoluto respeto.
2. Fomentar en ellos el amor a Dios. Cuando a Jesús le hicieron la pregunta sobre cuál era el mayor mandamiento, Él dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:35-38). Nuestros hijos deben tener en su corazón y mente bien claro que amar a Dios significa que Él debe ocupar siempre el primer lugar en nuestras vidas y que sin Él nada somos y nada podemos hacer.
3. Es necesario organizar reuniones sistemáticas en el hogar, dedicando un día para la familia, bajo una temática constructiva, repartiendo entre todos diferentes temas y en el momento indicado cada uno comparte su tema, se comenta, se discute y se sacan conclusiones entre todos los miembros de la familia.
4. El éxito en la educación de los hijos es lograr el desarrollo de una actitud mental de parte del hijo que le induzca a aceptar respetuosamente el consejo de sus padres y dar la bienvenida al interés que estos manifiestan en sus decisiones y su bienestar. Una actitud de esta naturaleza no ocurre espontáneamente. Es el resultado del hecho de que el hijo se ha convencido de que sus padres son sus amigos más leales.Estimados lectores, nunca es tarde para cumplir la responsabilidad de formar a nuestros hijos. Ore fervientemente a Dios y pida su dirección, dependa de Él y no de sus propias potencialidades.