Se acercó a la ventana de mi auto y con su acento extranjero, solicitó ayuda “para alquilar un cuarto donde pasar la noche”. En la acera, una mujer con una niña le observaban.
Hubiese querido que mi pequeña contribución se multiplicara para resolver un poco más su preocupación y pensé en el mensaje que he escuchado de aquél que no ha cesado de hacer un llamado constante hacia la solidaridad y la misericordia.
Vi que no solamente estaba esa familia, sino que en otras esquinas de aquella calle principal había muchas personas más, confundidas entre los habituales pobladores de ese lugar. He pasado muchas veces por allí y confieso que mis propios asuntos me hacen invisibilizarlos.
Hemos normalizado situaciones como ésta, tan cotidianas. A fuerza de convivir con ello, aceptamos que así es y que nadie se haga cargo. ¿En qué momento perdemos la sensibilidad?
Lo recordé a él, las noticias contribuyen a tenerlo presente porque hablan constantemente de su frágil estado de salud. Con su voz pausada y con una claridad como pocos, él ha llegado con su mensaje del amor de Dios a millones de personas alrededor del mundo.
Una de sus grandes cualidades ha sido precisamente la de ser un gran comunicador, que logra conectar con múltiples audiencias de un amplio rango de edades.
El Papa Francisco ha pasado sus casi 12 años de pontificado haciendo un llamado a volver la atención hacia aquellas personas que suelen ser poco tomadas en cuenta. Convertir la fe en acción, hacer propia la solidaridad y la misericordia hacia todas las personas, especialmente hacia aquellos que solemos invisibilizar: los más pobres, los migrantes, los desplazados, las personas que viven en condiciones infrahumanas.
El mensaje del Papa Francisco ha sido un llamado constante a respetar, no solamente a las personas, sino al medio ambiente. También ha sido una invitación a dialogar, a pesar de las diferencias, a buscar la paz.
Su sencillez y humildad, traducida en mensajes claros y directos, han tenido especial acogida en la juventud, que busca respuestas a sus inquietudes.
Muchas veces sus acciones y palabras han tomado por sorpresa a los más conservadores, quienes lo han visto con cierto recelo. ¿Acertado en todo? Probablemente no, como ser humano que es; sin embargo, sus grandes mensajes son trascendentales.
El llamado del papa Francisco es siempre vigente, hacia la compasión y la escucha activa; a tener esperanza y alegría aún en la adversidad, a mantenernos en oración y acción permanentes.
A convertir la fe intangible en obras de amor visibles; a mantener la confianza puesta en Dios siempre. El suyo es un llamado a dejar a un lado la indiferencia, a tener una mirada amplia y estar siempre dispuestos a servir.
Hagamos eco de ese llamado a la solidaridad en acción, a acercarnos a Jesús a través del servicio a los demás, con empatía y siempre con respeto a su dignidad humana.