Lo que en unas situaciones es bueno, en otras no lo es. Depende si nos tocan el bocado de comida.
Por eso es que no mejoramos como individuos. Por eso es que no mejoramos como sociedad. Por eso es que no mejoramos como país, porque anteponemos nuestras necesidades más básicas a la interpretación real de los acontecimientos.
En otros países han evolucionado tanto que su búsqueda de la mejoría tiene que ver con las personas, y se plantean problemas que no tienen que ver con el estómago de los ciudadanos sino en cómo mejorar su calidad de vida y su desempeño en el trabajo, en cómo hacerse más productivos y cómo hacerlo dedicando más tiempo a sus familias. Eso sucede en este mismo planeta. En otras latitudes, sí, pero en este mismo planeta.
Nos hace falta mucho tiempo y evolución para soñar siquiera en el día que el sector productivo, los políticos, los sindicatos y el pueblo-pueblo puedan pensar en soluciones conjuntas para un país que se sumerge en el negativismo, en la mediocridad, en la autocompasión y el egoísmo de sus habitantes que solo les interesa cómo sacar provecho de cada situación.
Probablemente en esta existencia no lo logremos ver. Ya en una ocasión anterior tuvimos lío con uno que quiso cambiar la Constitución porque quería seguir siendo Presidente.
Como dijo aquel inglés, ser o no ser, esa es la interrogante. Y el ser debe ir de la mano con el bien. No puede ser que interpretemos las leyes a nuestro antojo porque entonces tendríamos una Constitución por cada habitante. No puede ser que inclusive manifestemos que algunas situaciones hay que permitirlas porque generan bien común, a pesar que estén reñidas con la ley.
Los países, las sociedades, los pueblos, mejoran en la medida que sus habitantes evolucionan en sus conceptos de moral, de honestidad de integridad. Pero no pidamos un mejor país si nosotros como personas no mejoramos y sólo estamos a la expectativa de que alguien se descuide para aprovecharnos de ello.
En los albores de esta civilización nuestros ancestros andaban desnudos, se reunían en las noches alrededor de las hogueras y cazaban animales para subsistir. Desde entonces han pasado siglos. Pero el propósito de vida sigue siendo el mismo. Supervivencia. Ah... pero eso sí, usamos Facebook.
Tenemos una responsabilidad como hondureños. Y esa responsabilidad es ineludible. Se llama Honduras. Y en la medida que Honduras mejore, mejorara la calidad de vida de todos.
Pero no se trata de alzar la voz sin razón, de criticar por obligación o solo por el hecho de mantener una posición o un trabajo.
Este país puede seguir adelante sin nuestra opinión. No consideremos que es imprescindible exteriorizarla. Máxime si lo que expresamos lo único que refleja es el ego exaltado como único baluarte de personalidad.
Se trata de reconocer lo que es. No lo que no es.
Esa es la tarea.
