¿Entre lo que hacemos y lo que decimos?

La verdadera influencia no nace de las palabras, sino de la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, una lección que dejaron grandes autores como Og Mandino

Recuerdo aquella reunión en el Hotel Aristas, en la Ciudad de México. Era la primera presentación de esa serie de conferencias que dimos el célebre escritor y conferenciante Og Mandino, y yo, como su Orador Asociado. Esta vez incluía además Puebla, Guadalajara y Monterrey. Og falleció hace años, pero siempre he considerado mi amistad con él como una bendición en mi vida.

Conocerlo y platicar con él fue realmente fascinante. Pero trabajar codo a codo, eso fue verdaderamente una experiencia que marcó mi vida.

Y es que Og Mandino era en su vida diaria lo que todos esperaban de él después de leer sus libros: un hombre tremendamente práctico, con una voluntad férrea de que todo se hiciera muy bien hecho. Tenía un deseo enorme de servir a los demás. Por ejemplo, después de cada conferencia, la gente que había comprado sus libros hacía una enorme fila para pedirle su autógrafo.

En una mesa, con una paciencia infinita, los atendía amablemente, por horas, y estrechaba la mano de cada uno que se la extendía.

Muchas veces me he preguntado dónde ha residido el secreto de personajes como el gran Dale Carnegie, Og Mandino o Norman Vincent Peale. Tenían un formidable éxito como escritores, como oradores y como maestros en el arte de vivir. Creo encontrar la respuesta en el hecho de que actuaban de acuerdo con lo que decían. Se ganaron el derecho de influir para bien en la vida de los demás porque sus ideas influyeron primero en ellos mismos. Eran evidentemente coherentes entre lo que hacían y lo que decían.

Por otro lado, ¿cómo es que un padre exige a sus hijos adolescentes que no fumen, si él mismo fuma y claramente lo disfruta? Los romanos decían: “Exemplum docet”, el ejemplo enseña. Y hay un dicho popular que nos dice que lo que hacemos hablará tan fuerte que no deja escuchar lo que decimos. Hay que ganarse el derecho actuando y, como consecuencia, decirlo. Y esto es vital para usted y para mí en nuestra vida diaria. Nunca seremos más de lo que por nuestros actos podamos predicar, no importa lo mucho que nuestras palabras digan.

LO NEGATIVO: Pretender que nos crean lo que decimos, no lo que hacemos.

LO POSITIVO: Ser coherentes siempre entre lo que hacemos y lo que decimos.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias