Todos hemos pasado exámenes en la escuela, en el colegio, en la universidad… Alguien dijo por ahí que un examen no revela todo lo que sabemos, pero sí revela lo que no sabemos.
El libro de Génesis, en el capítulo 22, dice que Dios examinó a Abraham. El EXAMEN viene para llevarnos a un nivel de madurez, a un nivel de promoción. Casi siempre, el diablo va a examinarnos para destruirnos, para afectarnos y dañarnos, pero Dios va a examinarnos para pulirnos, para purificarnos y para transformar nuestras vidas.
El examinarnos sirve para probar nuestro carácter y Dios le dice hoy a usted que tiene que pasar el examen.
Déjeme decirle que aquí no hay retrasados, ni retrasadas, aquí no hay olimpiadas de la risa como dicen los estudiantes.
Aquí, o pasa el examen o no lo pasa, y si no lo pasa, Dios le vuelve a poner el mismo test con tal de que usted madure y crezca. Como sabemos, la palabra EXAMEN o prueba en el original hebreo significa: Fricción, fuego, machacar, quebrantamiento, desierto.
Dios nos hace pasar muchas veces por el examen, es para probar nuestra obediencia y la obediencia se prueba cuando estamos implicando la comodidad, cuando estamos en aquello que no nos es conveniente y cuando nos saca de la rutina y la pasividad.
Cuando Dios lo examina todos los días no se queje, no murmure, esto no es de copiarle a otro porque cada quien tiene su propio examen.
No es de sacar un “chepe”. Aquellos que lo sacaron de repente les causa gracia recordarlo, porque saben que lo hicieron en la escuela o en el colegio.
Dios quiere obediencia, ese valor que traerá un nivel mejor de promoción, de abundancia y de provisión.
Dios, en el examen, verá su fidelidad y su lealtad, así que cada vez que venga una voz extraña a decirle: “Mire que Dios no existe, que se olvidó Dios de usted, que mire que la suegra, que mire que el papá, la mamá”… ¡Nada de eso! Levántese y declare: “De esta circunstancia voy a ser promovido, voy a ver la mano de Dios y voy a sacar lo mejor”. David dijo: “Líbrame de mis errores ocultos, muéstrame mis maldades y tráeme a la luz”.
Claramente, Pablo expresó: “Diga el débil fuerte soy”.
La evaluación a la que nos sometemos puede ser en áreas en las que sentimos debilidad, en ellas debemos prepararnos para ser aprobados, como hacíamos en el colegio.
No sé cuál es su examen, pero le comento, hay uno que sufrió, que pagó el precio, que nos entiende, es nuestro Dios, que sabe cuál es su necesidad, que nos dice: “por nada estéis afanoso, sino sean conocidas vuestras peticiones”.
Recuerde, usted es un hombre, o mujer, con propósito. Es un hijo, o una hija, tiene derecho, privilegio y herencia.
Hoy apruebe el examen y Dios le bendecirá.
