Deshumanización

La expansión de la inteligencia artificial plantea oportunidades sin precedentes, pero también desafíos éticos, sociales y humanos que obligan a reflexionar sobre su impacto en el futuro

  • Actualizado: 01 de junio de 2026 a las 00:00 -

Me gustan mucho los objetos hechos a mano, no como una moda, sino porque son portadores del talento, el tiempo y la dedicación de las personas que los hicieron; por otra parte, son difícilmente repetibles. ¿Pueden ser imperfectos? Probablemente, y eso les da un toque especial y único.

En algún lugar que ahora no recuerdo escuché que a raíz del uso generalizado de la inteligencia artificial (IA) pasará así con lo que leemos especialmente en redes sociales. Aquello que sea pensado por un cerebro humano y escrito con dedicación será considerado “especial” y a lo mejor hasta será más valorado.

¡Vamos a apreciar hasta aquellos errores que nos den señales de humanidad detrás del contenido que escuchamos, vemos y leemos! Porque la IA es ya parte de nuestra cotidianidad, no solo en redes sociales, sino en muchísimo más.

Está presente en el quehacer de las personas, las organizaciones, las empresas, la academia y los gobiernos, como una herramienta muy poderosa que puede ser utilizada para el bien... o para el mal.

Es allí, en la decisión entre el bien y el mal, que se concentra el más profundo sentido ético, tan humano, tan difícil de suplantar, pero con amplias posibilidades de trasladar a las máquinas, tal y como se ha alimentado la misma IA del conocimiento humano.

No estamos ante cualquier escenario, se trata de un parteaguas en la historia de la humanidad que puede tener consecuencias insospechadas.

Que la reciente primera encíclica del papa León XIV “Magnifica Humanitas” trate sobre el impacto de la IA en la dignidad humana y en la sociedad nos da señal de la relevancia de este tema.

Más allá de concentrarnos en las facilidades que ofrece la IA y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, basadas en el ahorro de tiempo y su contribución a la productividad y la eficiencia, vale la penar visualizar este tema desde la perspectiva del poder.

Es fácil concluir que quienes tengan en sus manos el desarrollo de la IA concentrarán el poder; sin embargo, no hablamos del mundo de antes, en el que asociábamos el poder con el estado, sino en el de las grandes empresas, por encima de cualquier otro actor.

Por otra parte, el uso intensivo de la IA -ahora mismo vivimos solo el inicio- hará más grandes las desigualdades entre países y dentro de ellos. Es decir, si la digitalización en sí misma profundizó las brechas, el uso de la IA lo hará más, especialmente en países como Honduras, donde lidiamos con grandes desafíos añejos relacionados con educación y salud, como pilares del desarrollo humano.

El riesgo de deshumanización es muy real. Fortalecer el sentido ético y espiritual de las personas es urgente. La adopción de la IA no debe hacerse a ciegas o por moda, sino con una visión crítica, más consciente, manteniendo siempre la dignidad humana como centro de todo.

Tenemos un compromiso grande, de manera especial con las nuevas generaciones, tan vulnerables y con una sensación de autosuficiencia tan grande, provocada precisamente por tener información al alcance de la mano. Corresponde dialogar, comprender y guiar para no deshumanizarnos. El desafío sigue creciendo.

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