Si hay algo difícil de hacer en este mundo de excesivo ruido, de posverdad y de confusión, es escuchar nuestros propios pensamientos. Hace algunos días escuché una de las mejores maneras de definir esta situación tan propia de nuestra época.

A veces las frases más sabias provienen de conversaciones cotidianas y de la oportunidad que nos presenta la vida de conocer personas con asombrosa lucidez.

Ese fue el caso de la amena plática en la que mi interlocutor dijo: “Hay contaminación hasta en nuestros pensamientos, tanto así, que a veces es imposible escuchar nuestra propia voz” y agregó que por eso vale la pena apartarse un poco del ruido, para conectar con uno mismo.

En plena efervescencia electoral es oportuno tomar en cuenta la necesidad de hacer un análisis concienzudo sobre el ejercicio del sufragio, sin ruido, basándose en hechos y no es suposiciones.

¿Quiénes representan de mejor manera nuestros pensamientos e ideales?, ¿cuáles son la propuestas de cada uno? No solamente de los candidatos presidenciales, sino también de los aspirantes a las alcaldías y diputaciones.

Más allá de los ataques y de las pequeñas batallas en foros, de la capacidad de respuesta de los contendientes, hay que analizar las acciones de cada quien.

Los hechos dicen más que los ataques y las defensas mediáticas, que las frases pegajosas y los hashtags en redes sociales digitales que mueven emociones por encima de la razón.

La congruencia, que se obtiene al contrastar la narrativa con los actos concretos, es la que nos permite reconocer mejor quién merece que le otorguemos la potestad de decidir sobre el futuro compartido.

Además, reducir esa contaminación de pensamiento nos lleva a conectar con lo esencial: durante y después de la fiesta electoral –que debe ser vivida de esa manera- volveremos a nuestra cotidianidad, a relacionarnos con las personas por encima de los colores y de las posturas políticas.

Porque durante y después de las elecciones los hondureños debemos trabajar por fortalecer un país incluyente, con derechos y deberes para todos.

Un clima de respeto y tolerancia no se construirá de la noche a la mañana, como si se tratara solamente de dar vuelta a la página de un libro. La convivencia se construye a diario, con valores, con normas y límites ampliamente compartidos.

Las diferencias de pensamiento político con nuestros pares, con quienes compartimos la vida, no deben llevarnos a catalogarlos como buenos ni malos; son las acciones diarias las que hablan por las personas.

La contaminación de pensamiento, las voces disonantes, no deben permear la manera de relacionarnos con los demás. La mayor riqueza de una nación se obtiene cuando somos capaces de tomar en cuenta la perspectiva de los otros, con la intención de comprender y no solamente de defendernos o atacar.

El país no pertenece a un solo grupo. Honduras es de todos y debemos aspirar a que esa pluralidad se vea reflejada en nuestra convivencia.

Se acerca el 28 de noviembre y seguramente esta semana veremos que las campañas políticas suben de tono. Es preciso que cada quien guarde el espacio para escuchar sus propios pensamientos, como un ejercicio constante para no perder la paz... o tal vez, para recuperarla.

Que nada nos quite el derecho que tenemos de soñar con un país mejor para todos y de ir a votar con esa aspiración, por nosotros y por las próximas generaciones. Sin paz, todos perdemos. Actuemos de forma pacífica, es el camino adecuado para el desarrollo sostenible que anhelamos.

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