Es cierto: nadie quiere una cárcel en su comunidad. Las cárceles son colmenas alrededor de las que revolotea la delincuencia, además, con mucha frecuencia se producen motines que no pocas veces terminan con muchos muertos y, también, florece en los alrededores al tráfico de drogas.
El gobierno de Doña Xiomara y los gobiernos anteriores se enfrentaron a la oposición de los pobladores cuando intentaron construir cárceles.
No siempre lograron abortar los proyectos. Doña Xiomara intentó construir una en las Islas del Cisne, considerada inadecuada por muchas razones, principalmente por el posible deterioro ambiental al que se someterían las islas. Al no poder iniciar la construcción ha decidido construir la prisión en La Mosquitia, en donde igualmente se enfrenta con la oposición del pueblo misquito.
La Mosquitia, nunca fue conquistada por los españoles porque encontraron una brava resistencia, pero los ingleses, más astutos, negociaron con ellos y a cambio de la caoba les proporcionaron rifles para sustituir los arcos y las flechas y fundaron un reino al frente de un rey mosco que fue a visitar a su majestad imperial en Londres. Acosada Inglaterra, Los Estados Unidos obligó a Inglaterra a devolvernos las Islas de la Bahía y La Mosquitia.
El presidente Santos Guardiola firmó el tratado con Inglaterra y se acordó respetar la religión protestante de los isleños y los misquitos. La Iglesia católica no toleró esa concesión y se enfrentó al mandatario. El desenlace fue la expulsión de la cúpula católica y el asesinato de Guardiola.
Lo cierto es que Honduras no ha dado la atención que estos territorios y sus habitantes merecen y La Mosquitia ha permanecido en abandono, sin una carretera que la comunique con el resto del país y en condiciones de pobreza y de apoderamiento de la zona por el narcotráfico. Los misquitos nicaragüenses han logrado el desarrollo gracias a la voluntad de esos pueblos de avanzar.
Actualmente tienen modernos hospitales, una universidad, escuelas perfectamente atendidas, un proyecto de viviendas, electrificación, sistemas de agua potable, la construcción de un puerto de aguas profundas, fortalecimiento del comercio y muchos egresados de su universidad interesados en impulsar el avance de la agricultura, la pesca, la ganadería y otros rubros para el desarrollo económico de la región, por mucho tiempo, igualmente, mantenida en el olvido y el abandono.
Dadas las circunstancias actuales, es lógico que La Mosquitia no necesita una cárcel de alta seguridad. Si se preguntara a los misquitos cuales son sus necesidades creo que opinarían de la siguiente manera: una carretera pavimentada a Tegucigalpa, escuelas bilingües con adecuada arquitectura y con el suministro de materiales pedagógicos y seguridad para los niños, una universidad para impulsar el desarrollo económico de esa zona, un hospital para la atención de las necesidades de salud de los lugareños, impulso al desarrollo de la pesca, la agricultura extensiva y el aprovechamiento adecuado de los recursos forestales mediante la industrialización -fábricas de muebles de ebanistería, por ejemplo-, promoción del turismo y la adjudicación de becas para que los jóvenes vengan a las universidades nacionales, una ambulancia aérea, un programa de vivienda, el fortalecimiento de la cultura y la lengua misquitas, el ataque al narcotráfico y a la delincuencia para permitir el mejoramiento en paz y otras iniciativas que impulsen el desarrollo sostenido de esa región abandonada por nuestros gobiernos.
Además pedirían restablecer el nombre original al departamento: La Mosquitia y no Gracias a Dios que es el nombre de la cabecera de Lempira. Lo ideal es que el gobierno en pleno - la presidente, su consejo de ministros y asesores- se desplace a esa zona para hacer intercambio de ideas con la población y con ellos decidir cuales son las necesidades perentorias para programar las tareas para satisfacerlas.
Esto le vendrá como anillo al dedo a Honduras y a al gobierno. Eso sí, no ir a prometer mentiras. ¿Y la cárcel? Ahora tenemos cárceles en alquiler en El Salvador.
Ahí, mediante negociación, deben enviarse los presos de alta peligrosidad para que el sistema del país hermano nos ayude a su custodia y se termine el que desde las celdas de nuestras penitenciarías se dirija la criminalidad en el país. Además, los custodios no encontrarán motivos para delinquir y violentar las normas penitenciarias. Pagar por esa seguridad abrirá las puertas del desarrollo, la inversión y el progreso en paz y sin criminalidad.