Columnas
La tarde del pasado jueves 21 de abril, marca un trozo de historia la cual quedará archivada en las memorias de los hondureños, al ver que el expresidente, Juan Orlando Hernández Alvarado es subido al avión de la Administración para el Control de Drogas, DEA y trasladado a la justicia estadounidense.
Después de estar encerrado durante 65 días, en la capital de Honduras, la ciudad de Tegucigalpa sede de sus dos mandatos consecutivos, como presidente de la república desde el año 2014 hasta el 25 de enero del año 2022, pasa a ser el vigésimo noveno extraditado, señalado de narcotraficante.
Siendo el segundo, mandatario extraditado de la región Centroamericana, después de Manuel Noriega que fuera extraditado un 29 de diciembre del año 1989, falleciendo a sus 83 años de edad, aun con la pena de arresto domiciliario en ciudad de Panamá, en mayo del año 2017.
Aseguran autoridades nacionales e internacionales que el expresidente Hernández Alvarado ha sido uno de los narcos que más droga envió a Estados Unidos en un lapso desde el año 2005 hasta el año 2021, donde por mar, aire y tierra se estiman unos 500,000.00 kilos de cocaína.
Con la extradición de JOH, su nuevo ambiente de juicio será La Corte Sur del Distrito de Nueva York, donde es prohibido mentir y declararse culpable podría ser un paliativo para su condena o delo contrario que recuerde lo que le pasó a su hermano menor, Antonio Hernández Alvarado quien, por declararse inocente, paga una cadena perpetua.
La inquietud del pueblo hondureño, con este caso de narcotráfico de JOH y otros señalamientos de expresidentes, militares, empresarios y políticos en general, ¿Dónde está la justicia hondureña?
Pues al fin se cumplió el grito desesperado del ¡fuera JOH¡ en un país llamado Honduras.