Las tasas de rendimiento no están publicadas y existen costos ocultos asociados a tener un ahorro. Es importante hacer que se publiquen las tasas de interés y otros costos asociados a las operaciones, y que las instituciones compitan entre sí ante el público con este criterio.

Hace algunas décadas, los bancos usaban los rendimientos que ofrecían a los depósitos como su mayor herramienta publicitaria. La disminución en los costos administrativos, producto de la tecnología, debe causar una convergencia en las tasas.

La colocación de deuda y otros instrumentos financieros que se pueden hacer a través de la bolsa de valores a particulares es casi inexistente.

Como consecuencia de la crisis financiera nacional de 1997 se perdió el impulso que había en esta dirección.

Las mejoras en controles que ha habido en estas décadas permiten reactivar la participación particular en estas operaciones.

Los riesgos y rendimientos son mayores que los asociados con las operaciones clásicas, pero se puede constituir un sistema de seguros de deuda, garantías bancarias y otros para poder diferenciar los riesgos de los productos.

El Estado también puede abrir la subasta de bonos de deuda pública a cualquier postor. Los mecanismos de subasta electrónica permiten democratizar el acceso a este producto (igual que ocurre en muchos países).

Los bonos del Estado tienen un alto rendimiento y son fácilmente bancables, y serían un cómodo y práctico instrumento de inversión para muchas personas. Existen otras herramientas, como lo son los fondos de inversiones, compras fraccionadas de inmuebles y cajas comunales. Las políticas públicas y las instituciones privadas deben considerar un acceso más democrático al ahorro para lograr el crecimiento sostenido con equidad que buscamos.