Caracas, Venezuela
Esta Navidad será para la mayoría de los venezolanos, y como nunca antes, sinónimo de austeridad, pues llegará arropada por un espiral hiperinflacionario, con un índice de precios que cerrará 2018 en 4,500,000 %, y salarios pulverizados, lo que llevará a evitar el lujo de las fiestas y los regalos.
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Muchas empresas no tendrán posibilidad de abrir sus puertas en enero, si esta situación de hiperinflación se prolonga por otros seis meses al menos el 30% de companías no lo harán.
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Ya es noviembre y los adornos de Navidad brillan, pero por su ausencia, mientras muchos ciudadanos bromean sobre los gramos de jamón o queso que podrán comprar al cobrar sus aguinaldos, pues no alcanzará para nada más, sin contar con que serán pocos los niños que recibirán los regalos que le pidan al Niño Jesús.
Los días festivos llegarán cuatro meses después de que el presidente, Nicolás Maduro anunciara un paquete de medidas económicas que incluyeron un aumento de salario 35 veces superior al anterior, una reconversión monetaria y una nueva política tributaria. Para economistas, comerciantes y dirigentes opositores, este paquete ha acelerado la caída de la economía venezolana hacia un barranco.
“Es la primera Navidad después de la destrucción del salario, comentó a Efe el director de la firma Ecoanalítica, Alejandro Grisanti, que divide la posibilidad de disfrute de estas festividades entre las familias que reciben remesas y las que no. Una familia que no recibe remesas de algún pariente que se encuentre fuera del país tiene apacidad de ahorro cero y solo pudiera tomar la precaución deadelantar su consumo lo más que pueda, y comprar bienes durables que le permitan sobrevivir lo que puede ser el primer trimestre del año que viene.
Serán, según Grisanti, “unas Navidades muy duras, muy tristes, sin estrenos y sin hallacas” que es el plato que nunca falta en las cenas del 24 y el 31 de diciembre, un bollo relleno de varios tipos de carne, aceitunas, alcaparras y pasas, ingredientes que no se consiguen o se encuentran a precios inalcanzables. El problema es la inflación, que lejos de detenerse sube de forma acelerada, pues lo que a principios de año valía un bolívar costará 45,000 el 31 de diciembre.