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No hay claro ganador

  • Actualizado: 28 septiembre 2008 /

John McCain y Barack Obama exhibieron durante el debate el largo entrenamiento que habían recibido.

John McCain y Barack Obama exhibieron durante el debate el largo entrenamiento que habían recibido. Ni una frase imprudente ni un compromiso de fondo frente a la crisis financiera.

Nada parecido a Al Gore suspirando aburrido, o a George H. W. Bush revisando su reloj para ver cuánto tiempo faltaba antes de concluir el debate realizado en 2000.

Durante la mayor parte del debate del viernes por la noche, tanto McCain como Obama no bajaron la guardia ni perdieron su compostura.

Se pudo ver a dos candidatos en buena medida disciplinados que silenciaron las tendencias que les causaron problemas en debates anteriores. Y al hacer eso, también silenciaron los notables contrastes entre ellos.

Sólo coincidieron en la falta de ejemplos concretos, en la repetición de sus temas de campaña y en la absoluta incapacidad para responder directamente a una pregunta.

El candidato presidencial republicano McCain, de 72 años, no pareció muy viejo. McCain atacó con frecuencia y evitó lucir colérico y preocupado, aunque en ocasiones respondió de manera malhumorada, o con una sonrisa irónica cuando escuchaba una respuesta que no le convencía. En determinado momento, dijo que no había llegado a Washington 'para ganar el concurso de Miss Simpatía'.

Obama, a quien se había criticado en ocasiones su presunta falta de patriotismo por no lucir una bandera norteamericana en la solapa, esta vez se puso la insignia. Barack, de 47 años, tampoco pareció excesivamente juvenil, ofreció respuestas cuidadosas, medidas y pareció menos distante y verborrágico que en el pasado. Los simpatizantes de Obama mostraron su descontento porque en reiteradas ocasiones McCain criticó a su rival diciendo que no entendía una cosa o la otra.

Obama se mostró un poco agresivo y confiado durante los primeros 40 minutos del debate, dedicados a analizar las consecuencias de la crisis financiera que vive el país.

McCain intentó recuperar terreno en la segunda parte del encuentro, en la que se trataron asuntos relacionados con la política exterior, demostrando su amplia experiencia en esa materia e intentado subrayar la inmadurez de su rival y la inconsistencia de sus ideas.

Pero ése fue un objetivo cumplido sólo a medias. McCain, en efecto, sonó como el veterano que es, amigo de líderes mundiales y de viejas eminencias de la política internacional. Pero, en contraste, Obama no sonó como un novato, sino como el representante de una nueva generación, de una nueva política que vuelve a confiar en el poder de la negociación sin renunciar al uso de la fuerza cuando sea necesario.

'Existe un problema cuando un candidato insiste en un punto acerca de lo que dice un rival', señaló Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg de Política Pública de la universidad de Pennsylvania. 'Es como si creyera que tampoco la audiencia entiende' lo que se está diciendo.

Hubo escaso humor durante la noche, tal vez porque el debate ocurrió en medio de una gran convulsión nacional a raíz de la crisis. Obama mostró más cortesía que el senador por Arizona. McCain se negó a mirar a Obama, y todas sus respuestas las enfiló hacia el moderador Jim Lehrer. Eso enfureció a la televidente demócrata Celeste Theis, de 55 años de edad. 'John McCain no miró ni una sola vez a Barack Obama', protestó Theis.

'Es como si él no hubiera estado ahí. Creo que es una falta de respeto, como si lo hubiera ignorado totalmente'.

Lynn Donaghy, simpatizante de McCain, una madre de 33 años de edad, tuvo una opinión diferente. 'McCain se mostró frío y sereno', dijo. 'Obama estaba temblando y tartamudeando'. Otro simpatizante de McCain, Bill Brookshire, un banquero de 75 años de edad, se mostró más caritativo hacia Obama. 'El habló muy bien, y es una persona simpática', señaló Brookshire. 'Pero me sentiría más cómodo si -McCain- se encarga de gobernar el país'.

Crisis económica

La primera parte del debate, dedicada a la economía, en todo caso, podría haberle dado la victoria a Obama.

No hay encuestas aún sobre el resultado del debate -sólo un sondeo de CNN entre quienes lo vieron por televisión que dan ganador al candidato demócrata por un 51% contra 37%-, pero pareció claro el éxito de Obama al presentar la actual crisis en Wall Street como el resultado de la gestión de Bush, con el respaldo de McCain.

'Éste es el veredicto', dijo, 'de ocho años de una política económica fracasada promovida por George Bush y apoyada por el senador McCain, una política que básicamente dice que tenemos que eliminar regulaciones y protecciones al consumidor y dar más y más a los que más tienen, con la idea de que algo de eso quedará para los que están abajo'.

Obama manifestó más simpatía con las preocupaciones del ciudadano medio y se mostró más enérgico en la defensa de la necesidad de una nueva política.

Política exterior

El mejor McCain apareció después, cuando el debate celebrado en la Universidad de Mississippi, en Oxford, giró hacia los asuntos del mundo.

Por momentos fue el apasionado soldado y patriota que nunca ha dudado en darlo todo por su país y que lo volvería a hacer. Consiguió emocionar a la audiencia cuando contó la historia de la pulsera de un soldado muerto en Irak que su madre le había entregado a él con la súplica de que su hijo no hubiera desaparecido en balde.

Pero enfrente tenía a un hombre que también llevaba la pulsera de un soldado muerto en Irak, aunque la misión que a Obama le había encomendado la desgraciada madre era la de que ningún joven más muriera en esa guerra.

'No creo que la Presidencia sea un lugar al que se va a aprender. Yo estoy listo desde ahora', advirtió McCain para subrayar la inexperiencia de su rival.

Pero Obama no perdió en ningún momento la calma y, sin negar la más larga trayectoria de McCain, destacó que la Presidencia requiere, sobre todo, buen juicio y que en ese aspecto el candidato republicano no presenta tan gran expediente.

Obama puso como ejemplo Irak, sobre el que McCain destacó el éxito de la estrategia conducida por el general David Petraeus en el último año y medio.