El papa Benedicto XVI lanzó ayer un vibrante llamado para que se escuche la “voz de los que no tienen voz” en su mensaje de Navidad “Urbi et orbi” en el Vaticano.
El papa Benedicto XVI denunció el deseo del hombre de querer “sustituir” a Dios, de decidir lo que está bien y lo que está mal y de creerse el dueño de la vida y la muerte.
Jesucristo, dijo, fue enviado a la tierra “para salvarnos, sobre todo del mal profundo, enraizado en el hombre y la historia”, que “es la separación con Dios, el orgullo y la presunción de actuar por uno mismo”. Este mal consiste en “competir con Dios y sustituirlo, decidir lo que está bien y lo que está mal, ser el dueño de la vida y la muerte. Es el gran mal, el gran pecado”.
Pide fin violencia en Siria
El Papa pidió además el fin de la violencia en Siria, “donde ya se ha derramado tanta sangre” y lanzó un nuevo llamado a la solidaridad con los pueblos del Cuerno de África.
Durante el mensaje del Papa, decenas de miles de personas de numerosos países lo aclamaron, al grito de “¡Viva el Papa!” o “¡Benedetto!” -Benedicto en italiano-. El pontífice, de 84 años de edad, pronunció su mensaje sentado en un balcón que da a la plaza San Pedro del Vaticano.
“Dirijámonos en esta Navidad 2011 al Niño de Belén, al Hijo de la Virgen María, y digamos: ‘Ven a salvarnos’. Lo reiteramos, unidos espiritualmente con tantas personas que viven situaciones difíciles, y haciéndonos voz de los que no tienen voz”, aseguró.
“Invoquemos juntos el auxilio divino para los pueblos del Cuerno de África, que sufren a causa del hambre y la carestía, a veces agravada por un persistente estado de inseguridad. Que la comunidad internacional no haga faltar su ayuda a los muchos prófugos de esta región, duramente probados en su dignidad”, afirmó.
El pontífice también imploró a Dios “que dé un renovado vigor a la construcción del bien común en todos los sectores de la sociedad en los países del norte de África y Oriente Medio”. Agregó, que “el nacimiento del Redentor asegure estabilidad política en los países de la región africana de los Grandes Lagos y fortalezca el compromiso de los habitantes de Sudán del Sur para proteger los derechos de todos los ciudadanos”.
No habló de Latinoamérica
El pontífice instó a “todos los sectores de la sociedad en los países” árabes, sacudidos por cambios sociales y políticos, a participar en la “construcción del bien común”.
Que “él, que es el Príncipe de la Paz, conceda la paz y la estabilidad a la Tierra en la que ha decidido entrar en el mundo, alentando a la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos. Que haga cesar la violencia en Siria, donde ya se ha derramado tanta sangre. Que favorezca la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán”, dijo Benedicto XVI.
El Papa no habló de América Latina, región del mundo que cuenta con el mayor número de católicos. Sí se refirió a Asia.
“Que el nacimiento del Salvador afiance las perspectivas de diálogo y la colaboración” en Birmania, dijo. “Que el Señor conceda consuelo a la población del sureste asiático, especialmente de Tailandia y Filipinas, que se encuentran aún en grave situación de dificultad a causa de las recientes inundaciones”, apuntó.