13/03/2026
12:12 AM

Centroamérica, tierra huracanada y dañada

Las cifras oficiales hablan de por lo menos 10 mil muertos, 12 mil desaparecidos y unos tres millones de damnificados a causa del meteoro en los países de la región.

María Luisa Laguna calentaba frijoles para el almuerzo en su rancho cuando escuchó un ruido cada vez más intenso. “Pensé que eran helicópteros, pero por la ventana miré que venía una cosa negra, espesa, desde lo alto del volcán, y mi marido me dijo: ¡Algo terrible está ocurriendo… es el cerro que explotó!”

El relato pertenece a una de las sobrevivientes del alud de lodo que sepultó a dos aldeas campesinas en las faldas del volcán Casita, en el noroeste de Nicaragua, durante el paso del devastador huracán “Mitch”, que azotó a varios países de Centroamérica entre el 22 de octubre y el 4 de noviembre de 1998.

Considerado el ciclón más destructivo del siglo pasado, “Mitch” golpeó Nicaragua, Honduras, El Salvador y Costa Rica con vientos de más de 290 kilómetros por hora y un comportamiento errático que lo mantuvo “atrapado” casi dos semanas en el golfo de Honduras, desde donde ahogó virtualmente a los pequeños países centroamericanos.

Las cifras oficiales hablan de por lo menos 10 mil muertos, 12 mil desaparecidos y unos tres millones de damnificados a causa del meteoro en los países de la región. Los daños materiales, que superaron los 6,000 millones de dólares, significaron un retroceso de 15 años en sus frágiles y pobres economías.

En Nicaragua, el “Mitch” tuvo un impacto adicional porque la acumulación de lluvias incesantes saturó de agua el cráter del volcán Casitas, y lo hizo vomitar una avalancha de lodo y piedras sobre las comunidades El Porvenir y Rolando Rodríguez. Casi 2,000 campesinos fueron sepultados vivos bajo las correntadas de agua hirviente.

“Dicen que esa agua que venía era caliente, porque era fuego, posiblemente al explotar... venía caliente el agua”, les dijo María Luisa Laguna, habitante de la comunidad de Santa Narcisa, a un equipo de vulcanólogos que visitó la zona días después de la tragedia.

“Parecía como cuando el mar está ‘tumbeando’. Los árboles saltaban como varillas de cohetes para arriba. Cuando el lodo los golpeaba, saltaban hacia arriba...”, relató.

Las naciones de Centroamérica, donde más de 20 millones de personas viven bajo la línea de la pobreza, figuran entre los territorios más vulnerables a los desastres naturales, debido a su frágil infraestructura (precarias viviendas, puentes y caminos) y al escaso presupuesto con que cuentan las entidades de socorro públicas y privadas.

Además de los estragos causados en Nicaragua, “Mitch” azotó con fuerza Honduras, donde se confirmó la muerte de 5,657 personas y más de 8,000 fueron declaradas desaparecidas, según datos oficiales. También perecieron más de 50 mil cabezas de ganado vacuno y porcino, y la industria avícola sufrió pérdidas superiores al 60 por ciento. Más de 33 mil viviendas quedaron destruidas totalmente y otras 50 mil sufrieron daños, mientras que el 60 por ciento de las carreteras y puentes sucumbieron a las inundaciones. Hoy, cientos de comunidades tienen problemas de comunicación pues las vías de acceso aún no han sido rehabilitadas.

También Costa Rica ha sido golpeada por los ciclones tropicales, aunque colateralmente. Diez años antes de “Mitch”, el ciclón “Joan”, que también afectó a Nicaragua y a Honduras, dejó 12 muertos en el litoral atlántico costarricense.

Por su posición geográfica, Panamá es el único país del istmo que se ha librado del golpe directo de los huracanes, aunque los que se forman cerca de Honduras y de Nicaragua generan coletazos de lluvias que causan inundaciones y deslizamientos, especialmente en la cuenca del Caribe donde cada año provocan centenares de damnificados.

Después del “Mitch”, otros violentos huracanes como “Félix” (septiembre 2007) e “Ida” (noviembre 2009) han provocado destrozos en la región centroamericana, haciéndola más vulnerable a los efectos del cambio climático, que presagia nuevas y peores catástrofes a corto plazo.

Ante esa eventualidad, las autoridades de prevención y atención de desastres de los países del área se han visto obligadas a actualizar sus planes de contingencia, para poder enfrentar las secuelas de ciclones más intensos y destructivos en el futuro cercano.