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Después de 20 años del huracán Mitch temen que el cerro les caiga otra vez

En un cerro, al fondo de la colonia Lempira, don Manuel Pineda y su mujer prefieren enfrentar otra posible tragedia a tener que abandonar el lugar.

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San Pedro Sula, Honduras

La casa de tierra de don Manuel Pineda Sarmiento sigue en pie a pesar de haber sido la primera que embistió la avalancha de tierra y piedras desprendida de la montaña El Merendón, en la colonia Lempira, de San Pedro Sula, frente a la carretera de occidente.

Con láminas y nailon, don Manuel mantiene tapados todavía los boquetes abiertos, en dos paredes, por la correntada que bajaba de los cerros henchidos de agua, arrastrando tierra, piedras y palos.

Después de dos décadas de aquella catástrofe ocasionada por el huracán Mitch, don Manuel y su compañera María Inés Leverón, continúan viviendo en lo más alto de los terrenos azotados. Estos fueron predios municipales que comenzaron a ser poblados antes del fatídico ciclón tropical por invasores de tierras.

Por un estrecho camino escalonado que se torna resbaladizo en invierno, la familia sube hasta sus dominios desde donde se divisa parte de la colonia Lempira. “Todas esas son casas nuevas, las otras se las llevó la avalancha”, manifiesta don Manuel mientras señala los techos de zinc reluciente que se ven desde su covacha.

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Al pie de la montaña de El Merendón, por el lado sur, surgió una invasión de tierras que con el tiempo se convirtió en la colonia Lempira. Durante el huracán Mitch, la ladera se hinchó de agua y se desmoronó. Fotografías: Amílcar Izaguirre

Si la catástrofe hubiese ocurrido por la noche, probablemente hubieran muerto la pareja y sus tres hijos porque las paredes se cayeron hacia adentro. Afortunadamente, el cerro se desmoronó al mediodía dando tiempo a la familia de buscar un lugar más seguro.

La casa, que el hombre y la mujer construyeron con adobes de tierra, sigue tal como la dejó el Mitch porque “no hay billete para arreglarla”. Hombres del gobierno local subieron al cerro, al pasar el vendaval, supuestamente con la intención de ayudar a los damnificados , pero a don Manuel y a su mujer, solo los apuntaron en los cuardernos.

Con su puerta principal desvencijada, la casa se resiste a caer. Está llena de cachivaches y en medio de estos sobresale la cama en la que duerme uno de los hijos. La pareja y otros dos vástagos descansan en una casa contigua construida, después del Mitch, con desperdicios de madera. Una hornilla de tierra, con una cafetera y una olla vacía, divide a las dos viviendas.

Hasta debajo de las camas se observan, en ambas casas, mazorcas de maíz que el hombre ha tapiscado de una milpa cultivada por él en lo alto de la montaña. El cultivo es el único patrimonio de la familia.

Relato
Renán Martínez. “No estaban en la colonia marginal los damnificados que entrevisté tras la catástrofe. Todos emigraron al perder sus viviendas. Encontramos una comarca con casas nuevas a ambos lados de la empinada calle por donde corrió desenfrenado, desde El Merendón, el caudal de lodo y piedras”.

El peligro de que el cerro vuelva a llenarse de agua hasta reventar, sigue latente. Doña María Inés dice que ella no pega los ojos en las noches cuando la lluvia incesacente golpea las láminas del techo. “Me parece que se nos viene encima otra vez esa montaña”, comenta la señora. Los temores se justifican, ya que el cerro está saturado de rocas que amenazan con desprenderse.

Hace unos tres años sucedió una desgracia, por esa situación, en un casa cercana a la de don Manuel. Una roca de aproximadamente media tonelada traspasó el techo de zinc y cayó sobre la humanidad del guardia Miguel ángel López, lo que le causó la muerte.

Un pequeño hijo que dormía a su lado resultó con la pierna derecha fracturada y la izquierda herida por el filo de otra piedra; Ana Rivera, madre del niño, salió ilesa porque estaba durmiendo en otra cama.

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Después de 20 años, Renán Martínez, periodista de Diario LA PRENSA, regresa a la colonia Lempira de San Pedro Sula para conocer la situación de las personas que resultaron afectadas por el Mitch. Fotografías: Amílcar Izaguirre

López había construido la casa de adobes en un terraplén que le ganó a la montaña, al final de la colonia ubicada en la margen derecha de la carretera hacia occidente. Esa casita y las de don Manuel son las últimas al final de la empinada calle de tierra que atraviesa el poblado. Por esa calle corrió, desde la montaña, el alud incontenible, con un estruendo espantoso, llevando a su paso al menos siete casas. Los restos de estas quedaron arremansados en un campo al final de la vía, poco antes de desembocar en la carrtera de occidente.

A raíz de aquel cataclismo, la zona fue declarada de alto riesgo por ser tan vulnerable. Cuando se lo recordamos a don Manuel, la respuesta fue la misma de otros vecinos: “¿Y para dónde nos vamos?”

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Después de 20 años, Renán Martínez, periodista de Diario LA PRENSA, regresa a la colonia Lempira de San Pedro Sula para conocer la situación de las personas que resultaron afectadas por el Mitch. Fotografías: Amílcar Izaguirre