Nueva York, Estados Unidos.

Juan Orlando Hernández cumplirá un mes de permanecer recluido en una cárcel de Nueva York, Estados Unidos, mientras espera una tercera audiencia en el caso que lo señala como un narcotraficante a gran escala.

Hernández, según informes desde el Centro de Detención Metropolitano en Brooklyn, Nueva York, fue trasladado de celda, después de las peticiones de su defensa legal.

Un documento dirigido al juez Kevin Castel, encargado del caso en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, señala la modificación en las condiciones carcelarias de Hernández, quien, según sus abogados, era “tratado como prisionero de guerra”. Argumentaban que fue aislado “sin necesidad” y que no se le permitía comunicarse con familiares, amigos y defensa vía telefónica o electrónica.

Raymond Colon, abogado principal de la defensa del expresidente hondureño (2014-2022), presentó la solicitud en los últimos días e, incluso, expuso su petición ante Kevin Castel, en la segunda audiencia, el 10 de mayo.

“El acusado está ahora en una unidad con las mismas regulaciones reglas y regulaciones que la población general” del Centro de Detención, describe el documento inicial de la defensa.

Se informó, aunque no se ampliaron detalles sobre el nuevo espacio de Juan Orlando Hernández, que ahora se le permite recibir depósitos económicos a su favor desde el 12 de mayo. Kevin Castel ordenó a las partes revisar las condiciones carcelarias de Hernández en la segunda audiencia. Cuestionó por qué no se permitía que Colon visitara a Hernández en prisión.

Juan Orlando Hernández permanecía recluido en la unidad KH-4, una de las más drásticas del centro penitenciario, considerado de máxima seguridad a pesar de encontrarse en una zona urbana de la ciudad más poblada de Estados Unidos. La defensa informó que Hernández ya pudo comunicarse vía telefónica con sus familiares en Honduras.

Juan Orlando Hernández en su segunda audiencia ante el juez Kevin Castel.

ENFRENTA SEVEROS CARGOS

Hernández, de 53 años, está acusado de tres delitos cometidos, según la Fiscalía, entre 2004 y 2022: conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y armas pesadas y conspiración para la posesión de esas ametralladoras y armas.

Estos dos últimos delitos pueden merecer la cadena perpetua. La acusación formal, de 20 páginas, alega que Hernández formó parte de una conspiración que desde 2004 transportó más de 500 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos a través de Honduras, procedente de Colombia, Venezuela y otros países.

Como parte de esa conspiración, Hernández recibió “millones de dólares de múltiples organizaciones narcotraficantes en Honduras, México y otros lugares”.

Los dos períodos de gobierno de Hernández en Honduras fueron salpicados por denuncias de las principales fuerzas de oposición de que dijo ganar las elecciones de 2013 y 2017 “con fraude”, lo que también recogió la acusación.

“Hernández usó esos beneficios del narcotráfico para enriquecerse, financiar sus campañas políticas y cometer fraude electoral, incluido en relación con las elecciones presidenciales de 2013 y 2017”, agregó la acusación de Estados Unidos.

Estados Unidos ha alegado que en 2013 Hernández recibió un “soborno de un millón de dólares” del narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, entonces líder del Cartel de Sinaloa, “a cambio de una promesa de proteger” a esa organización en Honduras.

Hernández, quien antes de que se presentaran cargos en su contra había sido identificado en un documento de la fiscalía de Manhattan como el “CC-4” sin nunca mencionar su nombre y vinculándolo con el narcotráfico, ha reiterado en varias ocasiones que es inocente. Incluso, antes de ser extraditado grabó un mensaje para los hondureños, que fue dado a conocer en las redes sociales por su esposa Ana García.

“Soy inocente, he sido y estoy siendo sometido a un proceso de manera injusta”, indicó. Hernández siempre ha rechazado las acusaciones, algunas de ellas por hondureños que enfrentan juicio o están condenados en ese país por tráfico de drogas. Ha argumentado que es víctima de una “venganza y una conspiración” y que está “seguro que Dios” le hará “justicia”.