29/09/2023
07:00 AM

“Padre Quique, desde el cielo ayúdenos a seguir evangelizando”

Los presbíteros de la diócesis de San Pedro Sula con su obispo monseñor Ángel Garachana despidieron a su hermano, el padre Quique.

San Pedro Sula, Honduras.

La misa en la catedral San Pedro Apóstol con todo el presbiterio de la diócesis de San Pedro Sula esta vez no fue igual, faltaba uno de sus miembros: el padre Quique.

Siempre estaba ahí de pie y participando en las eucaristías concelebradas, pero ayer su cuerpo yacía dentro de un ataúd frente al altar mayor de la sede eclesial.

Vestidos con la sotana blanca y casulla morada propia de los funerales, los 79 sacerdotes recibieron el féretro del padre Enrique Vásquez (de 47 años) para celebrar la misa de cuerpo presente por el eterno descanso de su alma.

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El líder de la parroquia San José del barrio Medina fue hallado muerto con seis balazos en su rostro y cuerpo y sobre un puente de Morazán, Yoro, la mañana del jueves 3 de marzo.

Él desapareció entre la tarde y la noche del Miércoles de Ceniza, cuando en Medina todos lo esperaban para que oficiara la misa. Los criminales le dispararon al párroco en la cara, con saña, por lo que murió de forma inmediata.

Los obispos Ángel Garachana y Miguel Lenihan, de Atlántida, concelebraron la misa.

Rostros compungidos, miradas tristes, lágrimas y mucho dolor se vivieron en la misa donde la diócesis despedía a uno de sus hijos. Los diáconos colocaron sobre su féretro los signos del ministerio sacerdotal: la estola, casulla, el evangeliario que utilizaba cada vez que celebraba una misa.

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“Lo que nos reúne no es propiamente el dolor, sino la fe en Jesucristo resucitado. Una fe dolorida, pero es fe con esperanza”, expresó monseñor Ángel Garachana en la homilía.

El prelado hizo un recorrido de la vida del padre Enrique desde que llegó al seminario a los 16 años hasta que se ordenó en el estadio Francisco Morazán, frente a las 20,000 almas que celebraban el día de las misiones, resaltando la dedicación por su feligresía y la fraternidad presbiteral. “Por eso sentimos hondamente su muerte, porque vivimos esa fraternidad sacerdotal”, manifestó.

Fue claro que la vida del sacerdote fue dramáticamente truncada a sus 48 años, víctima de la violencia que no cesa en el país, “y una violencia tan grave que llega hasta el asesinato de miles de personas”. Calificó esta situación como una verdadera pandemia y llamó a no acostumbrarnos a la muerte y la violencia.

“Las personas que mueren no son solo cifras, son personas que dejan a decenas de personas porque se ha roto la comunión”, aseveró.

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En el mensaje manifestó que la muerte del padre Quique es más llamativa, causa más impacto porque es un sacerdote y desde los años 70, que se dieron los asesinatos en Los Horcones, en Honduras no se había asesinado a un sacerdote.

“Ojalá esta muerte y este impacto nos despierte la conciencia y que sea como una sacudida. No nos podemos acostumbrar, debe dolernos y deseemos un cambio profundo”, señaló el obispo.

Llamó a rebelarse contra la violencia y a soñar y trabajar por una Honduras en paz y convivencia ciudadana. Se mostró preocupado por el avance de la cultura de la violencia y cómo se difunde en todo el mundo y el retroceso de la cultura de paz. Pidió que esta muerte mueva a todos:

Gobierno, policías, las familias y cada uno de nosotros para trabajar por la cultura del respeto a la vida y de la paz. “Ojalá la muerte del padre Quique nos duela y deseemos un cambio profundo y nos rebelemos frente a esta situación. Que nos rebelemos a la cultura de la muerte y no retrocedamos en la cultura de la paz, como lo está haciendo el mundo entero”, manifestó al finalizar la homilía.

La familia del sacerdote estuvo presente, reconfortada por las palabras del líder eclesial, pero todavía sin poder creer lo ocurrido.

Dolor

La madre del sacerdote Quique, María Donatila Cálix, fue quien lo impulsó en su vocación sacerdotal.

“Les doy las gracias por sus oraciones, me ha ayudado tanto, me ha fortalecido porque yo sé que somos de la muerte; pero la muerte de mi hijo me duele tanto”.

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“Yo conozco de Dios, he sido delegada de la Palabra de Dios y muy perseverante desde antes de que mi niño ingresara al seminario. Les agradezco tanto sus oraciones porque con la muerte que tuvo mi hijo no tendría ni valor de levantarme de la cama. Yo paso enferma, ya tengo 73 años, pero el Señor me fortalece tanto. Las oraciones de los hermanos sacerdotes de mi hijo y toda la comunidad que se congregaba en la parroquia de él y las otras comunidades. Esas oraciones de Honduras y de otros países me confortan”, manifestó la madre del sacerdote. Recordó que su hijo tenía muchas amistades.

“Si sé que así como Dios me lo regaló y me eligió para ser madre de un sacerdote que fue elegido desde que estaba en mi vientre, así también tenía que entregárselo a mi Dios. Pero me duele tanto la muerte de mi hijo como que hubiera sido una mala persona, eso sí me duele. Han matado la carne, pero el espíritu de mi hijo no. Duele tanto”, lamentó.

Luego tomó la palabra monseñor Miguel Lenihan, quien expresó las condolencias al clero y la familia diocesana. “Estamos acá para compartir el dolor, pero la fe y esperanza” indicó.

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El sacerdote fue responsable diocesano de las Obras Misionales Pontificias y de la Comisión Diocesana de Misiones de 2018 hasta la fecha.

El obispo resaltó el espíritu misionero del sacerdote y su aporte a las obras, así como su vocación por evangelizar. “Padre Quique, vamos a extrañarlo y desde el cielo ayúdenos a seguir evangelizando”, pidió el obispo.

Con aplausos y de pie despidieron el cuerpo, que será sepultado hoy en la aldea que lo vio nacer y crecer.