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San Pedro Sula, Honduras.

Con tal de lograr una fotografía exclusiva para Diario LA PRENSA, Max Lemus fue capaz hasta de meterse en el baúl de una patrulla policial. Ocurrió cierta vez que había un amotinamiento en el desaparecido presidio sampedrano por la deficiente alimentación que se daba a los reclusos, y estaba prohibido el ingreso a los periodistas.

Gracias a la amistad que el fotógrafo mantenía con un jefe policial de ese entonces logró que le permitiera meterse en la cajuela de una de las patrullas que ingresaban en el penal para sofocar la rebelión. Ese fue siempre el espíritu de su brillante carrera en LA PRENSA de donde se retira tras 41 años y 7 meses de ejercicio profesional para entrar en una nueva etapa de su vida.

Una vez dentro del recinto -recuerda- tomó la gráfica que al día siguiente fue la primera plana del diario líder: en primer plano un plato con frijoles nacidos y guineos sancochados y al fondo la rebelión.

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Fue editor de fotografía después de trabajar como reportero gráfico.
Desde los doce años cuando comenzó con la fotografía buscó lograr gráficas diferentes de las que toma la generalidad de los fotógrafos.

En fotoestudio Francesa, adonde comenzó a laborar, debía cubrir bodas y otros eventos sociales que no requieren mucha creatividad, pero él aprovechaba cualquier salida para ir a los mercados a buscar fotos diferentes de vendedores. “A la Francesa llegué como conserje, pero con la ilusión de aprender fotografía”, expresó.

Otra de las fotografías exclusivas logradas para este diario fue la de un policía disparando contra un hombre enloquecido que se le abalanzaba con un puñal, frente a la catedral. Max captó el momento justo en que el hombre se encorvaba tras recibir el balazo.

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En 1985, el periodista gráfico fue designado como el mejor fotógrafo a nivel nacional por la Asociación de Prensa Hondureña (APH).
Eran tiempos de la fotografía en blanco y negro, cuando el fotógrafo no sabía si la gráfica había sido bien lograda, hasta que llegaba a revelar la película al laboratorio.

Cierta vez que cubría una protesta de estudiantes del Instituto Franklin Roosevelt, en Puerto Cortés, para poder llegar al núcleo del conflicto se protegió detrás de un policía antimotines que avanzaba hacia los protestantes.

De repente el agente fue derribado de una pedrada y él quedó expuesto a sufrir lo mismo. Sin embargo, logró llegar hasta los estudiantes y estos también le dieron facilidades para que hiciera su trabajo. Nunca tomaba partido en los conflictos, se hacía amigo tanto de los de derecha como de izquierda, para lograr su propósito, según dijo.

Después de más de cuatro décadas de labores, Max deja con mucha nostalgia y gratitud LA PRENSA, más no la cámara. Dedicará parte de su tiempo a enseñar su arte a pobladores de Las Vegas, en las cercanías del Lago de Yojoa, en donde él trabaja una parcela rodeada de paisajes que suele apuntar con su lente mágico. Gracias Max, tu carrera y legado son la mejor herencia en nuestra Sala de Redacción.

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Si una fotografía no era apta para primera plana, la editaba hasta que “hablara por sí sola”.
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