La calma volvió ayer después de las torrenciales lluvias que cayeron en la capital el lunes por la tarde como consecuencia de una masa de aire frío que ingresó al país por la región del Caribe.
Calles y avenidas anegadas, decenas de viviendas inundadas y árboles caídos, entre otros daños, quedan como evidencia de que el Distrito Central cada vez más es vulnerable a los fenómenos naturales.
El Codem reportó 58 familias damnificadas.
Ayer desde temprano, autoridades edilicias, cuerpos de socorro y miembros de las Fuerzas Armadas, entre otras entidades, recorrieron las zonas afectadas con el fin de evaluar y realizar labores de limpieza.
Por aproximadamente 24 horas, casi el 70% de los pobladores del Distrito Central y alrededores se quedaron sin energía.
La Enee informó que la caída de varios postes y árboles no permitió restablecer la línea 306, que comprende El Hatillo, Valle de Ángeles, Santa Lucía, San Juancito, Cantarranas, El Chimbo, colonia El Sitio y lugares aledaños. Trabajaron el resto del día para lograrlo.
En Los Jucos
Momentos de zozobra y angustia vivieron 39 familias del popular sector de Los Jucos, en el barrio Morazán. Pese a que se activó el sistema de alerta temprana instalado en la zona no se pudo evacuar a tiempo. Las cuarterías insalubres quedaron inundadas y fue imposible recuperar las pertenencias.
Los rayos del sol y la frescura de la mañana no eran el tradicional anuncio para ir a trabajar, sino para comenzar a retirar los escombros que dejaron los torrentes de agua.
Paredes resquebrajadas, muebles destruidos, electrodomésticos dañados y ropa empapada fueron los bienes que se convirtieron en desechos en apenas 15 minutos.
Muy temprano -a las 6:30 am-, las 39 familias afectadas, con la ayuda de vecinos, comenzaron a limpiar la suciedad y la tierra acumulada.
Cubiertos de lodo y agua, los perjudicados limpiaban con pala y baldes. Sus desencajados rostros trataban de disimular la hipotermia producida por la ingrata noche.
Será inaudito, pero cierto: las frágiles paredes de sus viviendas dañadas les sirvieron a varios damnificados de posada para dormir, pues no tenían adonde ir después de la tragedia.
Al menos es lo que soportó María del Carmen Natarén, quien durmió, con su esposo y tres hijos, bajo el crujido de su habitación, envuelta en un profundo miedo. Las autoridades locales únicamente les dieron colchones y sábanas a los vecinos, pero no los ubicaron en un lugar seguro, por lo que aún está latente el peligro.
Luis Urrutia, gerente del Codem, anunció que cerrarán las cuarterías y casas de alquilar para evitar más desastres. Recordó que, hace una semana, los elementos del Codem inspeccionaron el perímetro para advertirles a los residentes sobre la peligrosidad.
Otros sector de la capital donde se reportaron daños fue El Picachito. Los fuertes vientos que acompañaron a las lluvias dañaron los techos de siete viviendas. La escuela Arturo Álvarez Calderón número 2 no escapó de las inundaciones.
El alcalde Ricardo Álvarez llegó a esta zona de la capital para llevar el programa Techos Dignos.