Olanchito, Yoro, Honduras.

“Ramón no escribió para intelectuales, escribió para el pueblo”, así describió Heber Sorto, director de la Casa de la Cultura, el talento del escritor hondureño Ramón Amaya Amador.

Ayer, el valle pródigo, ese escenario real al que se refiere el extinto escritor en su obra maestra Prisión verde, le rindió un merecido tributo. Este hijo suyo hizo trascender esta tierra, que en letras del escritor denunció la explotación laboral en los campos bananeros durante el siglo pasado.

Ramón Amaya Amador nació el 29 de abril de 1916 en la ciudad de Olanchito, Yoro, un terruño ya fecundo de intelectuales y estadistas en la vida nacional.

Orgullo

El nombre de esta tierra superó las fronteras patrias en la literatura mundial, con la novela de realismo social sacada de la vida del proletariado agrícola que rodeó la vida de este gran autor. En esta ciudad no pasó desapercibido el primer centenario del nacimiento su hijo predilecto. “Este pedazo de tierra hondureña conmemora el centenario de nuestro querido y admirado serafín: don Ramón Amaya Amador”, pronunció Tomás Ponce, alcalde de Olanchito, ante algunos miembros de la Academia Hondureña de la Lengua, que se trasladaron a esta ciudad para rendirle tributo al hombre que en su primera obra presagió la huelga del 54.

Una semana completa, esta ciudad se volcó en una serie de actividades solemnes y exposiciones artísticas.

“Este centenario significa celebrar al compatriota más dedicado al cultivo de la lengua, al compatriota que asume con plenitud un compromiso al cual nunca renunció en favor de la organización de los más pobres, para que las desigualdades desaparecieran. Es el novelista más caudaloso de toda la historia de Honduras; el hombre más leído”, resaltó Juan Ramón Martínez, director de la Academia.

La embajadora de México en Honduras, Dolores Jiménez, también llegó para ser parte de este homenaje. “Estoy muy orgullosa que haya sido en México donde se publicara Prisión verde, había que leerlo porque es un símbolo de Olanchito y de Honduras”, invitó la diplomática.

Exponentes del arte nacional, como Julio Vizquerra, también llegaron para celebrar el cumpleaños de Amaya Amador. Entre anécdotas y recuerdos fue abordada la vida del autor de Los brujos de Ilamatepeque durante un conversatorio con miembros de la Academia y los locales.

“Escribió para el pueblo con un lenguaje que se deja leer; no tiene un lenguaje mosaico y figurativo, sino es uno popular, que es lo que permite que el campesino, el obrero, la que hace tortilla, lo pueda disfrutar”, dijo Heber Sorto.

Livio Ramírez Lozano, subdirector de la Academia Hondureña de la Lengua, propuso en las futuras celebraciones conmemorativas a Ramón Amaya Amador que se organice un funeral de Estado para bajar los restos en el cerro adonde fueron enterrados los hermanos Cano, protagonistas de Los brujos de Ilamatepeque.

También se anunció el proyecto de llevar al cine las obra maestras de Amador, Cipotes y Prisión Verde, esta última la interesada en recrear la historia es una universidad pública.