Ángel Meléndez cambió el timón de su taxi por un machete para vender cocos helados

​En la calle principal del barrio El Imán de "La Novia de Honduras", está Ángel Meléndez un conocido taxista que dejó la ruleteada porque ya no es negocio y ahora vende cocos helados

  • Actualizado: 01 de julio de 2026 a las 12:04 -
Ángel Meléndez cambió el timón de su taxi por un machete para vender cocos helados
La Ceiba, Atlántida

Detrás de una "montaña" de cocos y con machete en mano se encuentra Ángel Meléndez, un hombre que entendió que, para salir adelante, a veces hay que cambiar de ruta.

Durante los últimos 16 años, Ángel se ganó la vida detrás del volante de un taxi. Sin embargo, hace unos días tomó la difícil decisión de abandonar el transporte público.

Aunque recuerda con nostalgia que en el pasado el negocio del taxi era próspero, la realidad terminó volviéndose insostenible.

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“Había días que solo me llevaba 100 o 150 lempiras al día, y con eso uno no come. Ahora vendo agua de coco y me va bien, mejor que en el taxi, no me puedo quejar”, relató Ángel Meléndez, extaxista y ahora vendedor de agua de coco, a diario LA PRENSA, al recordar los motivos que lo obligaron a dejar la ruleteada.

A la crisis económica se suman los desafíos actuales del rubro, los cuales Ángel analiza con claridad: el combustible está cada vez más caro, la competencia es desmedida por la sobrepoblación de taxis y, para colmo, el bolsillo del usuario ya no aguanta un aumento al pasaje.

El ceibeño Ángel Meléndez transformó su futuro al vender cocos y dejar un rubro que ya no daba para más.

Lejos de cruzarse de brazos, Ángel decidió emprender bajo la sombra de unos árboles del barrio El Imán, en La Ceiba. Desde hace unos pocos días, su rutina cambió por completo: dejó el estrés del tráfico por la frescura de la fruta tropical.

En su puesto improvisado en la acera, Ángel coloca los cocos en un freezer repleto de hielo para garantizar que el agua esté bien fría. Con las altas temperaturas actuales, su negocio se ha convertido en una parada para decenas de clientes que buscan refrescarse de manera natural.

Con el sudor en su rostro, pero con la frente en alto, Ángel deja una lección de dignidad.

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“El trabajo no deshonra a nadie”, aseguró firmemente Ángel Meléndez. “Le doy gracias a Dios porque tenemos un trabajo digno y honrado, y es el sustento de nuestra familia”.

Ángel Meléndez es el vivo reflejo de que, cuando una puerta se cierra o cuando el tanque de combustible se vuelve impagable, siempre se puede afilar el machete, abrir un coco y empezar de nuevo.

Este artículo fue revisado y aprobado por un editor con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial.

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Carlos Molina
Carlos Molina
carlos.molina@laprensa.hn

Periodista La Prensa, cobertura de noticias generales asignado al litoral Atlántico y con más 20 años de experiencia en periodismo escrito, radial y televisivo.

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