Con lágrimas, la madre de Jesús Orellana relata cómo su vida y la de su hijo cambió de un día a otro para convertirse en una pesadilla.
Jesús es el menor de cuatro hermanos, tiene 12 años, siempre fue un niño travieso y buen estudiante, su pasatiempo preferido era el de sembrar matitas de yuca en el patio de su casa y jugar fútbol.
Cursaba cuarto grado en una escuela de San Francisco, Atlántida, cuando el destino le jugó una mala pasada.
Su madre Dominga Monjes Ramírez, visiblemente acongojada, relató cómo su hijo menor quedó en estado vegetativo. “Una mañana al salir de la escuela, que queda bastante distanciada de la casa, se encontraba un muchacho podando las ramas de un árbol de mamones, que estaba atrás del edificio. El niño al ver que caían los frutos fue a recogerlos
del
suelo y una de las ramas le cayó en la cabeza, desde entonces él quedó así”.
Los médicos le han dicho a la mujer que el estado de Jesús es irreversible, Dominga rompe en llanto cuando cuenta que su hijo no la va a poder escuchar. “Los médicos dijeron que aun poniéndole un huesito que perdió por el golpe en la cabecita él iba a quedar igual, así que no lo van a volver a operar”, manifestó.
Agregó que a veces parece que escucha “lo que digo, porque mueve sus labios como queriendo hablar, o mueve sus manitos y mueve sus pies”
La abnegada y valiente madre no se ha despegado de su hijo desde que ocurrió el lamentable accidente. “Mis otros hijos son grandes, están casados, yo vivo aquí en el hospital porque cada tres horas tengo que darle de comer a Jesús”, relató. Hace cinco meses que el niño está en una cama del hospital Mario Rivas porque para darle de alta necesita tener un aspirador, un nebulizador y una cama de agua para poder permanecer en su casa; una silla de ruedas podría
mejorar también notablemente la calidad de vida del niño.
Con esperanzas
La madre de Jesús es separada y afronta la situación prácticamente sola, es su tercera hija
quien se encarga del cuidado del hogar. Los médicos dicen que la única forma sustentable de que Jesús viva en su casa es
teniendo el equipamiento adecuado, el aspirador es imprescindible para que el niño no se ahogue con las secreciones. Mientras tanto, los días transcurren para Dominga, uno igual al otro, siempre con la esperanza de que algún día Jesús abra los ojos, la abrace y le vuelva a decir: “mamá”.
Lea mas noticias de Honduras