Con trompos, rayuelas, canicas y encostalados, la Secretaría de Educación impulsa un proyecto nacional orientado a recuperar prácticas lúdicas ancestrales como herramienta para fortalecer la cultura, la integración social y el sentido de pertenencia entre las nuevas generaciones.
En tiempos dominados por las pantallas y el entretenimiento digital, Honduras vuelve la mirada hacia sus raíces.
Es por eso que se realizó el lanzamiento del proyecto “Rescate y Valoración de los Juegos Tradicionales”, una iniciativa de alcance nacional destinada a revitalizar prácticas recreativas que durante generaciones formaron parte de la infancia hondureña y que hoy corren el riesgo de desaparecer.
La propuesta busca convertir trompos, rayuelas, canicas, lazos, encostalados y otros juegos autóctonos en herramientas para fortalecer la identidad cultural, fomentar la convivencia comunitaria y promover el uso positivo de los espacios públicos.
Más allá de la recreación, el programa parte de una visión cultural: reconocer que estos juegos forman parte del patrimonio inmaterial del país y representan una vía para transmitir tradiciones, valores y costumbres entre generaciones.
El plan contempla jornadas recreativas comunitarias en centros educativos y espacios públicos de distintas regiones del país, con prioridad en comunidades con limitada oferta de actividades lúdicas y recreativas.
En estas participarán niños, jóvenes y adultos con el objetivo de reforzar el tejido social mediante actividades que históricamente han unido a las familias hondureñas.
Según la Secretaría de Educación, el proyecto también busca incentivar la participación ciudadana, recuperar tradiciones culturales e integrar a personas de distintas edades en experiencias colectivas que fortalezcan el respeto, la inclusión y el compañerismo.
Evaluado y en todos los niveles
Educación diseñó incluso una matriz de evaluación docente con metas cuantificables. Entre ellas, se espera que al menos el 80% de los alumnos participe activamente en juegos tradicionales comprendiendo sus reglas básicas, mientras que un 85% deberá demostrar actitudes de compañerismo, inclusión y respeto durante las actividades.
La iniciativa será implementada en todos los niveles educativos, desde prebásica hasta educación media, con actividades adaptadas según la edad de los estudiantes.
Además, contará con matrices de evaluación docente para medir la participación, la apropiación cultural y el impacto comunitario.
Autoridades educativas sostienen que rescatar estas prácticas no solo tiene valor recreativo, sino también pedagógico y social, al permitir que los estudiantes desarrollen liderazgo, trabajo en equipo, habilidades socioafectivas y sentido de pertenencia hacia su entorno cultural.
En una sociedad donde muchas expresiones tradicionales han cedido terreno frente a la globalización, el proyecto busca reivindicar el juego como una forma de preservar la memoria, la identidad y la comunidad.